Creo que no me equivoco al decir que esta campaña de 2009, ha sido regia para el peloterazo de la receptoría de los Astros, Iván “Pudge” o “Gordito” Rodríguez que dicho sea de paso de gordito no tiene nada. Luce como un atleta normal y corriente, producto de un rígido programa al que se adhiere vehementemente las 24 horas del día, todos los días.
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Si mi mente entra por un instante a una escena retrospectiva, logro ver a unos cuantos receptores del pasado con estómagos crecidos, Yogi Berra, Mike Scioscia para mencionar a dos de mis preferidos y es así como muchos aficionados al beisbol imaginan a los hombres que pasan una vida entera encuclillas. Ah, pero Iván no es así, tiene un estómago parejo que millones de hombres envidiamos.
Además de seguir gozando de una salud increíble, Rodríguez, tuvo el bello gesto de donar un artículo de su atavío deportivo, su máscara por haber trabajado su juego No. 2,226, luego de empatar el récord del miembro del Salón de la Fama, Carlton Fisk un martes de noche contra los Rangers de Texas, su viejo equipo.
Y para no quedarse corto, desembarcó un cuadrangular al abrir la quinta entrada de ese choque. Fue su número 108 en el “Ballpark” de Arlington que dicho sea de paso contó como la única carrera de Houston en una derrota de 6×1. Me inclino a creer que el “Gordito” gusta hacer sus cosas en gran estilo.
“Estoy muy complacido”, dijo Rodríguez con una sonrisa de satisfacción infinita. “Es un record increíble empatar a Carlton Fisk a quien respeto profundamente y poder estar en su compañía es un honor. Yo lo vi trabajar y observé bien como se cuidaba para jugar en tantos partidos. Traté de seguir sus pasos para emularlo y ahora vean donde estoy. Empaté su récord y será un honor romperlo para establecer uno nuevo”.
HACIENDO HISTORIA
Rodríguez, que había sobrepasado a Bob Boone e igualado a Fisk, se preparó con esmero para romper el famoso récord. Esto le permitía la oportunidad de hacer historia frente a la afición de los Rangers en la ciudad donde jugó los primeros 12 años de su carrera, privilegio que considera de mucho valor.
Por fin llegó el momento, miércoles 17 de junio. Como tributo los Rangers presentaron en la pantalla gigante del estadio un video de pocos segundos en la tercera entrada del juego. Iván, se puso de pie, dirigió un saludo al público, se puso la máscara y se acuclilló para continuar la acción. Más tarde dijo: “Fue una casualidad que esto ocurriera en Arlington, Texas en nuestra serie contra los Rangers. La verdad que fue muy bonito, pues todo salió a pedir de boca”.
Rodríguez, nunca imaginó que ocurriría algo semejante cuando de 19 años de edad entró a formar parte de las filas de los Rangers. Fue el 20 de junio de 1991. Entre esa fecha y el 17 de junio, prácticamente la vida entera de un beisbolista, se consumó una hazaña extraordinaria que no se repite con frecuencia. Rodríguez, es el mejor receptor que la historia del beisbol ha registrado.
He aquí lo que pasaba por la mente del “Pudge” cuando se acercaba el momento. “Si jugaba este año, sabía que rompería el récord, pues era inminente”, dijo el receptor. “Agradezco a Dios que Houston me haya dado la oportunidad de jugar en esta campaña. Por dicha que he disfrutado de un tiempo saludable para romperlo y, por eso me siento sumamente complacido”.
UN MOMENTO PARA RECORDAR TODA LA VIDA
Creo que complacido es poco para lo que en realidad sintió nuestro entrevistado cuando una multitud de más de 34 mil aficionados le brindó una salva de aplausos para rendirle pleitesía.
“Fue impresionante”, explicó Rodríguez. “Lo que ocurrió ahí ese día fue algo difícil de creer. Una ovación de pie en mi primer turno al bate, fue algo fuera de este mundo. Experimenté lo que se dice, carne de gallina en todo el cuerpo. Ese video que presentaron al público fue extraordinario. Doy mis gracias a la organización de los Rangers por lo que hicieron aquí para mí y también a los Astros de Houston por estos días. Fue un momento que recordaré toda mi vida”.
Por unas semanas durante la temporada libre, parecía que Rodríguez enfrentaba períodos de incertidumbre en cuanto a empleo se refiere y, los Astros por su parte con la ida de Brad Ausmus y sin un receptor de primera línea, encontraron que la contratación de Rodríguez, vendría al equipo como anillo al dedo, especialmente porque el pelotero todavía tiene interés en seguir jugando.
“Yo me cuido bien y hago muchos ejercicios”, precisó Iván. “Y la verdad es que me quedan algunos años por delante”. Su promedio de bateo cifra al momento de redactar esta nota en .256, producto de 66 imparables en 258 visitas al plato, con 8 cuadrangulares y 32 carreras empujadas.
MUCHO QUE OFRECER
Indudablemente los Astros tenían la esperanza de mejores números, pero en lo que a defender el plato se refiere, Rodríguez, es el jefe de los leones. Tiene agilidad quinceañera y hasta el corredor más pintado teme robarle. En otras palabras, todavía tiene mucho combustible en el tanque.
A los 38 años de edad, Iván tiene la oportunidad de continuar jugando y de seguir implantando récord.
“Me queda mucho tiempo en este juego”, dijo el pelotero con mucho aplomo. “Lo que hago es pedir a Dios que me de salud para seguir jugando pelota. Como tú comprenderás, yo adoro el deporte del beisbol”.
Se comentó en el palco de prensa del parque Minute Maid que Rodríguez podría tomar el beisbol con calma ahora que ya tiene el récord en el bolsillo. “No, del todo”, dijo Rodríguez. “Yo soy un jugador que se prepara para jugar todos los días y como estoy bien de salud que es lo principal, no anticipo descanso alguno”.
Rodríguez niega que tenga alguna estrategia de preparación muy especial para comenzar cada temporada. “No es estrategia especial. Entreno tres horas al día de lunes a viernes, incluyendo el período de la temporada libre. Por esa razónes que me mantengo en forma”, explica.
El secreto de su buena salud se debe al cuido especial de su cuerpo y a una alimentación muy cuidadosa.
¿NO MÁS LIGA DE INVIERNO?
Inmediatamente después de terminada la campaña ligamayorista, Rodríguez, regresó a su isla encantada de Puerto Rico, y durante el invierno jugó con Caguas y finalmente con Ponce. Tuvo experiencias muy agradables, pero en lo que concierne al próximo invierno, creo que lo pensará dos veces antes de tomar una decisión para jugar.
En la apariencia del “Gordito” no vi señales de retiro, ni mucho menos en el tono de su voz, más bien suena como un optimista empedernido. “Mi meta es seguir en este juego bastante tiempo”, dijo alzando la mirada al cielo al estilo de Fernando Valenzuela.
Creo que fue injusto preguntarle que cómo quiere que lo recuerden. Quizá sorprendido por mi pregunta y con los ojos bien abiertos, luego de titubear por unos segundos, contestó: “No sé… yo todavía no…; como quieran. Yo soy una persona que respeta a todo el mundo, admiro a los aficionados y agradezco lo que han hecho por mí. Como quieran reconocerme, será bien recibido”.
Rodríguez ya tiene el récord de más imparables disparados por un receptor y solamente necesita 329 para alcanzar la codiciada meta de 3,000. A estas alturas de su vida, le encantaría lograr esa otra hazaña en el uniforme de los Astros.
“Eso es algo especial que me gustaría lograr en mi carrera”, dijo el receptor. “He sido bendecido por recibir tantos trofeos y merecimientos y jugar tantos partidos, pero para alcanzar la marca de 3,000 imparables como receptor es un trabajo arduo. Es algo que tengo en mi mente. Podría tomarse un par de años, y con los Astros sería ideal conseguirlo”.