- Anoche bateó de 4-3, con un par de dobles y de robos
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Everth Cabrera volvió a golpear la pelota con autoridad y, aunque no la envió sobre la cerca como la noche anterior, roció el campo con sus metrallazos, que le permiten dejar en claro que ha salido de las sombras.
El nandaimeño se fue de 4-3, con dos dobles y dos bases robadas, en un partido que los Padres le ganaron 4-3 a los Rojos, con un tablazo de Adrián González y un par de remolques de Kevin Kouzmanoff, quien también se fue a las tribunas una vez.
Cabrera mejoró su promedio hasta 259 puntos, ahora debido a 37 hits en 143 turnos, con 23 anotadas y 13 remolques. Las dos almohadillas estafadas le hacen llegar a 13 en 14 intentos, en una llamativa efectividad como robador en las Grandes Ligas.
Tras desplomarse hasta .220 en su promedio ofensivo, y con un “trabón” que en su punto más extremo lo mantuvo sin hits a lo largo de 14 turnos, el nica ha reaccionado con violencia y ha subido hasta 259, mientras reitera su utilidad con la manopla y con sus piernas.
En los últimos cuatro partidos, Everth acumula un astronómico promedio de 563 puntos, consecuencia de 9 hits en 16 turnos, con tres dobletes, un triple, un jonrón, dos anotadas, tres remolques, tres boletos y cuatro bases robadas.
Cabrera comenzó su brillante faena con un doble profundo al jardín izquierdo en el segundo episodio. Volvió con otro doble, ahora por el derecho en el cuarto y se estafó la tercera, pero no puedo avanzar hacia el home.
En el sexto agregó un sencillo al primer disparo de Bronson Arroyo, quien fue la víctima de los tres cañonazos. Y de nuevo se fue al asalto de una base y tuvo éxito, pese al esfuerzo del receptor Craig Tatum, de los Rojos.
El nica se despidió con una rola al short en el octavo, pero ya había dejado en claro el gran momento que atraviesa y que ha revivido las esperanzas de verlo convertido en un constante generador de emociones para nosotros desde las Grandes Ligas.