- Gran desempeño en 23 temporadas
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Lesión lo obliga a colgar spikes
Cuando el pasado 15 de mayo Jorge Luis Avellán se puso de pie en el estadio de León para escuchar el Himno Nacional, y como lo hacía siempre, agradeció a Dios por tener la oportunidad de jugar un partido más, no imaginó que sería la última vez que lo hacía.
En ese juego entre San Fernando y León, Avellán, quien custodiaba la tercera, se lanzó como a una piscina tratando de interceptar un proyectil salido del bate de Esteban Ramírez y aunque lo atrapó, no pudo levantarse. Su rodilla izquierda impactó en seco en el piso.
No era la primera vez que eso ocurría. A través de una extensa carrera de 19 años y 23 temporadas, Avellán se ha lanzado de manos innumerables veces tras un batazo. Pero la rodilla no aguantó más y aunque Jorge Luis terminó el partido, ahí acabaría su historia.
“En realidad, he jugado con la rodilla lastimada desde 1995, pero llegó el momento en el que ya no se puede más, y ése es ahora. Los médicos que me vieron en Cuba me han dicho que mejor me dedique al ajedrez. Y al beisbol, sólo en nintendo”, dice Avellán.
Así que una de las más brillantes carreras de los últimos tiempos ha llegado a su final. Tiene dañados los meniscos y padece una condropatía severa, igual que de osteoartrosis prematura, por lo que el quirófano, y no el homeplate, es su próxima parada.
“Aquí se trata de intentar seguir jugando bajo el riesgo de quedar lisiado o recuperarme y dedicarme a otra actividad. Así que eso ya está decidido. Me hubiera gustado salir del beisbol jugando, pero hay cosas que uno no puede controlar”, reconoce Jorge Luis.
ENTRE LOS MEJORES
Avellán inició en el beisbol superior en 1991, tras una recomendación de su hermano Víctor ante Sergio García, mánager de los Búfalos. García lo botó en el primer recorte, pero Víctor volvió a abogar ante García y Jorge Luis regresó. Y lo hizo para quedarse.
“Recuerdo que fui el Novato del Año –al igual que Víctor temporadas atrás— y terminé como refuerzo con el San Fernando, con el que fui campeón en 1992. Y para 1993, ya estaba en la Selección Nacional, de la que me retiré en el 2008”, señala Jorge Luis.
El único lapso en el que Avellán estuvo fuera de la Selección entre 1991 y el 2008, fue en los años 2003, 2004 y 2005, cuando libró una dura batalla con la enfermedad de su hijo Samuel, quien falleció este año mientras se desarrollaba la temporada regular.
“El momento más emocionante había sido mi participación en las olimpiadas de Atlanta en 1996, pero ahora sé que fue cuando con mi hijo Samuel en el dogout del Matagalpa pegué jonrón contra el Bóer y ganamos el juego. Mi hijo saltaba de alegría”, recuerda.
En la carrera de Avellán hay otros 96 estacazos a las tribunas, pero sólo aquél fue visto por Samuel, el niño que, aunque con dificultades para movilizarse, no dejó de sonreír, y sobre todo fue la principal motivación que tuvo su padre para extender su carrera.
“Mis rodillas están malas y requieren de una cirugía y quizá hasta de una prótesis, pero el mayor dolor es la pérdida de un hijo. Sin Samuel perdí la motivación. Y si ya no hay amor y pasión, lo mejor es apartarse y dar lugar a los jóvenes”, dijo Avellán, de 37 años.