Habituado a lidiar con nuestras exigencias y con ese afán de querer imponer a los demás nuestras fantasías, Román “Chocolatito” González había colocado un peso más sobre sus espaldas, cuando decidió dedicar su combate de ayer en Japón, a Alexis Argüello.
Y cumplió su compromiso a través de una consistente paliza sobre un duro rival como Katsunari Takayama, quien resistió todo el bombardeo del nica y en más de una ocasión regresó con vigor a la línea de fuego, incluso cuando parecía a punto de ser noqueado.
Tras un inicio frío, el “Chocolatito” se calentó y comenzó a controlar la pelea con mano firme. Y su victoria, inobjetable, como lo mostraron las tarjetas (118-110 en todas) le ha permitido una segunda defensa exitosa a la corona mundial mínima de la AMB.
Al trabajo de Román se le pueden encontrar fallas, como la necesidad de combinaciones más prolongadas, la urgencia de tapar salidas ante rivales ariscos como Takayama y la conveniencia de disparar a los bajos, en lugar de concentrar todo el ataque a la cabeza.
Pero los aciertos superaron holgadamente a los errores, mientras lográbamos apreciar su desarrollo y los frutos de una preparación seria, sin la cual no habría mantenido el ritmo en una pelea intensa y ante un rival que jamás pidió tregua a través de los 12 asaltos.
Román es un boxeador completo, con una línea técnica bien definida, rapidez suficiente para disparar y trasladarse, lo mismo que con la potencia necesaria para tumbar al rival más pintado, pero siempre nos deja la sensación de que puede llegar a hacerlo mejor.
A él se le ha cuestionado ocasionalmente por su falta de entrega a los entrenamientos y la ubicación errática de sus prioridades, pero no por su falta de talento o habilidades. El material ahí está. Falta ver si trabajará más para convertirlo en algo de mayor brillo.
Después de dos defensas exitosas, González se ha vuelto una realidad, pero nos queda la impresión que es el momento para saltar al siguiente nivel y eso quizá va a significar la revisión de su entorno, a fin de garantizarle el mejor personal posible a su alrededor.
Por ahora, no queda más que celebrar su victoria.