Después que dio refugio a la Junta de Gobierno en el exilio y toleró a los guerrilleros sandinistas entre 1978 y 1979, el Presidente de Costa Rica, Rodrigo Carazo Odio, se ganó la enemistad de los dirigentes del FSLN en 1980, por recomendarles que convocaran a elecciones.
“Yo nunca hice ningún arreglo con los sandinistas”, afirma Carazo Odio al conversar con LA PRENSA 30 años después del derrocamiento de la dictadura de Somoza, una gesta que atribuye a distintos sectores de la sociedad nicaragüense.
Confiesa que tras la insurrección de julio de 1979, él esperó que llegara la democracia y la paz a Nicaragua, lo que no fue posible.
Por una coincidencia histórica, Carazo vivió de cerca el triunfo de la revolución nicaragüense y, también, fue testigo de cómo esa revolución se acabó bajo una avalancha de votos, porque estuvo como observador de las elecciones en una comunidad campesina de Chontales, en febrero de 1990.