El Ejército hondureño atravesó ayer un viejo avión en la pista de Toncontín, para evitar un posible aterrizaje de Zelaya. (LA PRENSA/AFP/Orlando Sierra)

“Francotirador mató a mi hijo”

José Murillo, padre de Isy Obed Murillo, el joven que se ha convertido en la primera víctima de la crisis política en Honduras, aseguró ayer que a su hijo lo mató un francotirador desde la pista del aeropuerto de Tegucigalpa. Murillo, un pastor evangélico de 57 años, estuvo el domingo con tres de sus doce […]

  • José Murillo, padre de Isy Obed Murillo, el joven que se ha convertido en la primera víctima de la crisis política en Honduras, aseguró ayer que a su hijo lo mató un francotirador desde la pista del aeropuerto de Tegucigalpa.

    Murillo, un pastor evangélico de 57 años, estuvo el domingo con tres de sus doce hijos en la manifestación con que miles de seguidores de Manuel Zelaya pretendían dar la bienvenida al depuesto presidente a su regreso a Tegucigalpa, una semana después del golpe de Estado.

    Al final de la tarde y tras llamar insistentemente sin éxito al celular de su hijo, el teléfono de Isy por fin daba respuesta por medio de un trabajador de la morgue de un hospital cercano para confirmarle al hijo mayor de José que el joven, de 19 años, se encontraba sin vida en ese lugar.

    “Yo miré cuando el francotirador tiró, pero no sabía a quién tiraba, porque estábamos dispersados”, dijo Murillo en la Colonia Villeda Morales, a unos doce kilómetros de Tegucigalpa.

    “El francotirador se agachó, puso dos escuderos (a los lados) y ahí no más tiró y salió este casquillo”, dijo, mostrando una bala que, según dice, recogió en el lugar sin saber que era la que mató a su hijo.

    Enrique Ortez, el canciller nombrado tras el golpe de Estado que instaló en el poder a Roberto Micheletti, negó ayer con “certeza” que la Policía o los militares hubiesen disparado contra los manifestantes.

    “Fue una barbaridad. Ellos provocaron al pueblo con las bombas lacrimógenas y después hubo los disparos, yo, como pastor, no miento”, dijo Murillo, quien aseguró que durante el día había comprado agua para los militares que acordonaban el aeropuerto.

    Asegura que el tirador “andaba con un casco azul y era el que comandaba el pelotón de los verdeolivos”, y que, en la marcha, algunos manifestantes lo conocían: “Decían que era un mayor”.

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