- Amalia Morales Marenco
El smog generado por las llantas quemadas en el pavimento, que dividen al infranqueable cordón militar y los civiles que protestan con gritos y piedras, y que ha sido parte de la cotidianidad hondureña por estos días, no ha infundido miedo a la comunidad nicaragüense que reside en este país vecino.
Vanessa Sirias, una nicaragüense de 31 años que reside en Tegucigalpa desde hace año y medio por la especialidad de Neurología que estudia, dice que “cuando uno viene de Nicaragua no se extraña con estas cosas”.
Sirias, quien permanece en el centro de referencia nacional Hospital Escuela, dice que el pasado lunes allí ingresaron a los heridos y golpeados de la protesta que hubo frente a Casa Presidencial, hecho que las televisoras locales no vieron.
“Ese día (los manifestantes) intentaron tomarse el hospital también”, recuerda Sirias, quien circula por las calles de esta capital en un vehículo de placa nica.
HERIDOS Y DETENIDOS
Tampoco le parece tan anormal el caos que se vive en Honduras, después del golpe militar que le propinaron al mandatario Manuel Zelaya Rosales, a Karla Berríos, ingeniera industrial que trabaja en una empresa exportadora de ropa en San Pedro Sula, la segunda ciudad más importante del país, reconocida por su actividad industrial.
Desde el golpe de Estado, en San Pedro Sula hay tomas de avenidas y piquetes de protestantes que rechazan la destitución de Zelaya. Todos los días se oye de golpeados, heridos, noticias que circulan de voz en voz, o por mensajería celular, pero que no son reflejadas en las televisoras nacionales.
Berríos se entera de los hechos por sus compañeros de trabajo, sin embargo, dice que aunque no se asusta actúa con prudencia.
COMPRAN COMIDA “POR CUALQUIER COSA”
Después de una de las protestas se fue al supermercado a comprar agua suficiente, baterías para una lámpara por si se iba la luz —los apagones han sido intermitentes— y arroz, frijoles y enlatados para enfrentar cualquier emergencia. “Eso es algo que uno aprende en Nicaragua, donde hemos pasado de todo”, dice Berríos, de 33 años.
“Aunque aquí últimamente están pasando muchas cosas, antes de esto fue el terremoto”, explica y se refiere al sismo que ocurrió hace escasas semanas en la Costa Atlántica hondureña.
“Yo veo la situación normal”, dice Abel Cuéllar, de 41 años, quien nació en Nicaragua, pero desde los 14 años reside en este país. “Estos días he ido a las protestas de los que rechazan a ese señor que sólo favorecía a su grupo”, dice refiriéndose a Zelaya, quien el domingo pasado fue expulsado del país .
Los nicaragüenses desconocen qué tan grande es la comunidad nica residente en este país, pero se sabe que una gran parte llegó desde los años ochenta, a partir de la guerra civil.
Algunos viven en los departamentos fronterizos como Danlí y Choluteca.
Berríos, quien lleva cuatro años en este país, dice que conoce pocos nicaragüenses en Tegucigalpa, pero tiene la certeza que escuchar disparos no es una situación que aflija a los nicas.