Mi deuda con Alexis

Como buena parte de los nicaragüenses, mi afecto por Alexis Argüello nació antes de conocerlo. Lo miraba en sus combates por televisión y con mis gestos y ademanes quería ayudarlo a derrotar a sus adversarios, aunque en realidad no lo necesitaba. Había sido provisto de un excepcional talento y tuvo la disciplina para pulirlo y […]

Como buena parte de los nicaragüenses, mi afecto por Alexis Argüello nació antes de conocerlo.

Lo miraba en sus combates por televisión y con mis gestos y ademanes quería ayudarlo a derrotar a sus adversarios, aunque en realidad no lo necesitaba. Había sido provisto de un excepcional talento y tuvo la disciplina para pulirlo y sacarle el máximo provecho.

Las primeras imágenes que conservo son sus sangrientas peleas con Alfredo Escalera, las defensas que hizo del título ligero júnior y su salto a las 135 libras, cuando en un derroche de sabiduría y no propiamente de poder, le arrebató la corona a Jim Watt, en un combate en Londres.

Por supuesto que están vivas las imágenes de sus reveses con Aaron Pryor y varios de sus combates en el crepúsculo de su carrera, ya cuando su mejor época había pasado. Así que cuando lo vi la primera vez, no me resultó difícil entrar en sintonía.

No llegué a ser su amigo, pero cultivé una relación de respeto mutuo, como con la mayoría de deportistas. Y una tarde me sorprendió cuando me hizo una llamada para decirme: “Negrito, quiero proponerte un negocio, buscame en la Alcaldía”.

Quería que le escribiera su biografía. “He pensado en vos”, me dijo, “porque sé que (Edgard) Tijerino no la va a querer hacer por razones políticas. Además, leía la entrevista que me hiciste en tu libro Un Día Perfecto, y quedó deaverga, así que voy con vos”, agregó, antes de soltar una de sus habituales carcajadas.

Habíamos quedado en buscar un abogado para hacer todo en regla, y el primer paso era buscar a Hernán Estrada, amigo de ambos, para que nos orientara al respecto. Pero siempre hubo algo que impedía nos reuniéramos.

La última vez que lo vi me levantó los brazos y me reclamó: ¿ideay, pofi? Te sigo esperando… No creo que sea este el mejor momento, le dije. Me imagino que con tu trabajo ahí en la Alcaldía, no debe ser fácil… “No hombre, si yo sólo voy a ‘vomitarte’ todo sobre mi vida y vos lo acomodás ahí a tu manera”, me dijo y acordamos vernos.

Pero una bala que entró en su pecho, como entraba su fulminante jab, abriendo espacio a su jactanciosa derecha, se lo ha llevado de entre nosotros. Sin embargo, Alexis nos resulta tan cercano, tan conocido, que lo vamos a conservar en nuestros corazones, donde no lo borra el tiempo, ni se lo comen las polillas ni lo eliminan los virus.

Deportes

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí