Un mes después de haber enfrentado su peor crisis desde que aterrizó en Texas, Vicente Padilla parece ir camino a las alturas que siempre se le han proyectado. El lanzador de electrizante recta y temperamento firme se ha tornado consistente, mientras silencia críticos e ilusiona corazones.
Que Padilla tiene un gran potencial siempre se ha sabido. Lo que ha estado bajo escrutinio es la forma como lo usa. Sin embargo, ahora parecen haberse juntado todos los elementos que han de mostrarnos, posiblemente, al Vicente que hemos imaginado desde que irrumpió en las Mayores.
Hablamos de un Padilla efectivo, constante, con cifras que disipen cualquier cuestionamiento y hagan sentir a los Rangers que sabían lo que hacían en 2006, cuando decidieron invertir 33.75 millones de dólares para asegurar su brazo derecho durante las siguientes tres temporadas.
Nos referimos al Padilla al que una vez el fallecido entrenador Vern Ruhle vaticinó como un seguro participante en Juegos de Estrellas, y a quien Joe Kerrigan, otro coach de pitcheo, ahora con los Piratas, consideró como dueño de un material tan espectacular como el de Pedro Martínez.
Ahora, nadie está esperando que sea otro Pedro Martínez. Sólo queremos que sea Padilla, pero el mejor Padilla posible. Justo como el que ha subido a la colina en las últimas cuatro ocasiones, en las que redondea 3-0 y 2.16 en efectividad, más un juego sin decisión, pero bien lanzado.
¿Y qué ha provocado este cambio? ¿Por qué ha lucido estable? Concentrar el enfoque hacia el hecho de haber sido colocado en waivers el 3 de junio, por unos Rangers molestos, tras su mala faena contra los Yanquis la noche anterior, me parece una visión muy reducida del asunto.
Si no, considere que antes de ese trabajo, Padilla tenía 2-0 y 1.44 en tres salidas desde su retorno de la lista de lesionados, incluyendo ahí, dos monumentales trabajos como los que hizo ante los Marineros y los Medias Blancas, sujetados en un hit en ocho y siete innings, respectivamente.
Ante Arizona alcanzó velocidades hasta de 97 millas en el séptimo, incluso después de haber doblado la frontera de los 100 disparos. “Cada vez se pone más saludable”, reconoció el manager Ron Washington. Los Diamondbacks deben estar de acuerdo. Lo sintieron en carne propia.