¿Por qué la desconfianza?

Sin mentira habrá un mundo más confortable que abonará a una mayor confianza Hay jóvenes con un cierto nivel de educación que suelen mentir pensando que nos pueden engañar: pero una mentira genera un campo de desconfianza total y posiblemente dudemos de lo que nos pueda decir o informar. Una persona que miente y ha […]

Sin mentira habrá un mundo más confortable que abonará a una mayor confianza

Hay jóvenes con un cierto nivel de educación que suelen mentir pensando que nos pueden engañar: pero una mentira genera un campo de desconfianza total y posiblemente dudemos de lo que nos pueda decir o informar. Una persona que miente y ha sido desenmascarada generará un cúmulo de ideas y pensamientos que no siempre serán las mejores. Ante una mentira, simplemente crece la desconfianza.

Una persona que miente, posiblemente responda así cuando no tiene la información suficiente o haya incumplido con la responsabilidad que le corresponde, y le cuesta decir la verdad. Lo ideal sería decir: “… no sé, lo desconozco, no tengo suficiente información al respecto…”, pero que siempre tenga a mano una respuesta impensada, ya como parte de su magistral actuación no es aceptable.

Hay una frase que señala lo siguiente: “Más rápido se agarra a un mentiroso que a un cojo o renco” ¡Increíble, pero cierto! Sin ser experto en psicología, enumeraré algunas de las características que poseen las personas mentirosas: Cambia radicalmente de tema en el transcurso de una conversación, elude o rehúye las entrevistas y las reuniones, cuenta con la ignorancia de los demás y hace creer en su superioridad, falsea los hechos para averiguar la verdad; deforma e interpreta, es egocéntrico, no soporta la crítica y niega la evidencia, su discurso parece lógico o coherente, utiliza halagos para tratar de agradar, es absolutamente eficaz para lograr sus propios fines, pero a costa de los demás.

La mentira permea nuestras sociedades, aunque felizmente los mentirosos tarde o temprano caen por su propio peso. La idea es erradicarla enfrentándonos al problema (persona) no de forma agresiva ni confrontativa, sino indicando el error sanamente para que la persona reflexione y a partir de ese momento siente la base de la confianza. Lograr un ambiente realista y veraz, donde los miembros de la familia o colectivo adquieran un compromiso de entrega, de contrarrestar todas las características de la persona que trata de engañar y el compromiso de no repetirlo con los amigos, familiares y compañeros de estudio.

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