El Barsa contagia

[email protected] Quizá no es una norma, pero me ha parecido de lo más curioso que quienes se identifican con el Barcelona en futbol son aficionados de Boston en beisbol, y los seguidores del Madrid por lo general simpatizan con los Yanquis. Es obvio que habrá sus excepciones. A muchos de los fanáticos nicas del Barsa […]

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Quizá no es una norma, pero me ha parecido de lo más curioso que quienes se identifican con el Barcelona en futbol son aficionados de Boston en beisbol, y los seguidores del Madrid por lo general simpatizan con los Yanquis.

Es obvio que habrá sus excepciones. A muchos de los fanáticos nicas del Barsa seguro les tiene sin cuidado el Boston, o viceversa. Igual puede pasar con yanquistas y madridistas, y hasta puede haber quienes tengan su simpatía “cruzada”.

Estoy entre los yanquistas y madridistas. Mi identificación con los Mulos se dio antes de llegar a tener una relación laboral con ellos. Hablo de simpatía, no de fanatismo irreflexivo, que me parece inaceptable.

Y he permanecido atento al Madrid, desde los días en los que Valdano movía las fichas, con Butragueño creando opciones y Hugo Sánchez disparando sin piedad, mientras Raúl se asomaba al club y manejaba el balón como un veterano.

Pero, aunque mis preferencias deportivas se mantienen firmes, es difícil no sentir el deseo de inclinar la admiración hacia el juego armonioso, penetrante y tenaz de este Barcelona, al que sólo le falta un título para el triplete. Ha ganado la Copa del Rey y el cetro de la Liga lo tiene en el bolsillo.

Su reto más grande lo va a tener ante el Manchester United, el 27 de mayo en el Olímpico de Roma, donde disputará la final de la Liga de Campeones, pero hasta ahora ha lucido como un equipo maduro, de gran convicción y ambicioso.

Este Barcelona actual, que tiene una formidable generación de futbolistas, fue concebido mucho antes, cuando Johan Cryuff implantó su futbol total y le dio identidad a un equipo que se sacudió sus complejos después de múltiples fracasos antes de 1990.

Ahora Lineker, Alexanko y Amor están sólo en el recuerdo. Ésta es la era de Messi, Eto’o y Henry adelante, con Xavi e Iniesta en la creación, más Puyols, Piqué y Touré apretando las tuercas, mientras Guardiola, un cruyffista confeso, se dedica a mover las fichas.

Este equipo, que parece diseñado para partidos épicos e instantes magistrales, como el de Iniesta frente al Chelsea, contagia por su talento, vigor y clase. De eso no hay lugar a dudas.

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