A sus 75 años, la picardía de Argelio Córdoba está intacta. Ahora falta averiguar si su sabiduría no ha sido carcomida por el tiempo.
En Chinandega, donde lo conocen mejor, afirman que mantiene su calidad y perspicacia y que su liderazgo está firme. Por ello lo han puesto de nuevo al frente de un equipo que necesita ser conducido con habilidad para sobreponerse a sus muchas carencias.
Argelio ha sido un referente entre los managers en nuestro país, adonde vino a finales de los años cincuenta. Además de ser excelente motivador, domina plenamente el juego, es astuto y tiene un extraordinario sentido del anticipo, mientras se destaca por su habilidad para descubrir y desarrollar jugadores.
Campeón en las temporadas de 1970 y 1971, Córdoba ha cultivado un nexo sentimental profundo con Chinandega, ciudad que lo ha acogido como suyo. Por tanto, cuando se escriba la historia de la pelota naranjera, el “Brujo” será una alusión inevitable. Muchos de sus mejores jugadores pasaron por sus manos.
Y aun cuando no volvió a ganar ninguna otra Final en los posteriores campeonatos, Argelio estructuró unas tropas verdaderamente pujantes con lanzadores como Juan Oviedo (padre) o Julio Espinoza, y bateadores como Pablo Juárez, Próspero González y Genaro Llanes.
Sin embargo, el Chinandega ahora podría necesitar algo más que la sabiduría de Córdoba para salir a flote. Es el equipo de más pobre ofensiva entre los que han clasificado y su pitcheo no transmite confianza más allá de Boanerges Espinoza, quien por cierto, está por viajar a Dominicana.
Pero el “Brujo”, optimista incurable, tiene confianza en que podrá crear un mejor ambiente en el clubhouse, mientras exprime al máximo el potencial de sus jugadores para sorprender en esta etapa, en la que parecen el equipo con más deficiencias, tanto que clasificaron a última hora.
De modo que Argelio ya está de regreso. Vuelven las entrevistas llamativas y esas frases pícaras que llegan a sostenerse en la memoria colectiva pese al paso del tiempo. Sin embargo, en Chinandega no lo traen de nuevo por su oratoria, sino por su habilidad para levantar al conjunto.