Theo Epstein, el arquitecto de estos Medias Rojas de Boston que acabaron con su extenso ayuno de 86 años sin ganar una Serie Mundial, y que en cada campaña amenazan con agregar otro éxito a su historial, estaba frustrado aquella noche de diciembre del 2002, cuando los Yanquis a través de Gordon Blakeley habían atrapado a José Contreras por 32 millones de dólares.
Epstein tenía ganas de romper lo que encontraba a su paso, mientras Blakeley saboreaba lo que él supuso sería un inminente triunfo yanqui en el 2003 con Contreras ahí. “Cuando escuches la ovación de 50 mil fanáticos en el estadio y lances en la Serie Mundial, verás que ha valido la pena todo el sacrificio que has hecho”, le dijo Gordon al cubano.
Un año después (2004), el sentimiento probablemente era al revés. Epstein celebraba la culminación del ayuno al imponerse en el clásico de octubre contra San Luis, mientras Blakeley observaba cómo Contreras pasaba trabajo para estabilizarse en las Grandes Ligas poco antes de ser trasladado a los Medias Blancas, ya cuando la paciencia yanqui se había agotado.
A los Yanquis nunca se les conoció por pacientes pero 7-2 y 3.30 en 2003, más 8-5 y 5.56 en 2004, no era lo que habían imaginado de Contreras. Ese mismo 2004 pasó a Chicago y su récord de 5-4 y 5.30 no fue prometedor, pero al año siguiente, saltó a 15-7 y 3.61, convirtiéndose en pieza clave para el éxito de los Medias Blancas.
Desde entonces, Contreras no ha vuelto a reencontrar la consistencia que le llevó incluso a ganar 17 decisiones consecutivas y al Juego de Estrellas (2006). Las lesiones y la inconsistencia han conspirado contra su mejor esfuerzo y tras algo más de siete campañas el récord de 65-55 y 4.68, demuestra que no ha sido un lanzador de impacto.
Ahora Contreras, de 37 años, y con 0-5 y 8.19 en la campaña, ha sido enviado a Triple A a reparar su bola de tenedor y reconstruir su confianza. El brazo está saludable pero su dominio decayó. Así que a lo mejor la falla está en la mente. De todas formas, da la impresión que el tiempo no lo dejó situar la realidad a la par de las expectativas.