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Las parejas que se forman en el trabajo tienen mucho que ver con lo cotidiano, se da un enamoramiento por estar juntos muchas horas. Las parejas se juntan, por afinidades intelectuales, porque comparten gustos, tienen el mismo nivel y poco a poco se van enamorando de la persona que está más cerca. La oficina se vuelve como el segundo hogar donde se pasa mucho tiempo, muchas veces más de las ocho horas establecidas.
En algunos de los casos pueden llegar a formar relaciones un tanto formales. El problema no es enamorarse en el centro de trabajo, el problema está cuando la relación trasciende a un plano superior, se casan o se establecen como una pareja formal y se quedan trabajando en el mismo sitio donde se conocieron.
Desde mi experiencia clínica yo no recomiendo que las parejas trabajen juntas, porque hay más puntos negativos que positivos. A lo mejor lo positivo es que ahorrarán gasolina o almorzarán juntos de vez en cuando.
Lo ideal es que el matrimonio (marido y mujer) no trabajen juntos, porque tendrán como desventaja la cotidianeidad. Eso puede romper el encanto de una relación que empezó muy bonita.
Cuando la pareja se encuentra con ansias al final del día pueden comentar la experiencia que tuvieron cada uno en sus trabajos. La pareja se emotiva y se siente contenta de volverse a reencontrar. Si están juntos se pierde esa dinámica y los individuos también pierden su espacio.
En el matrimonio la pareja debe poner muchos ingredientes, debe estar matizada. Hay que echarle de todo menos, el tedio, el aburrimiento, lo cotidiano.
Cuando las dos personas trabajan en el mismo lugar, la relación se puede tornar completamente monótona y es peligroso, porque pueden llegar a maltratarse, porque ya le conocen el otro lado de la pareja, el lado que estaba oculto y no simplemente verlo o verla muy bien arregladito cada día como cuando empezaron la relación.
No hay límites
Otro de los inconvenientes es trasladar los problemas de la casa al trabajo y viceversa. Ahí se da una contaminación que hace que la relación de pareja no se mantenga florecida en cuanto a vivir cosas diferentes y mantener distancia. Al ser humano, por tradición o por su misma naturaleza, le gustan las sorpresas, le agrada mucho, vivir lo nuevo, lo diferente.
Por mi experiencia clínica las parejas que trabajan juntas en su mayoría terminan en un fracaso.
Recomiendo que uno de los miembros de la pareja no debe quedarse en el lugar que se enamoraron. Lo ideal es que busquen otras alternativas.