- Más de 2 mil 200 hectáreas quemadas en Nueva Segovia y un alto nivel de agotamiento de brigadistas
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CORRESPONSAL/NUEVA SEGOVIA
La dura labor de apagar incendios en los bosques de pino de Nueva Segovia tiene al extremo el nivel de agotamiento a brigadistas voluntarios y efectivos del Ejército, que hasta este lunes han procurado sofocar al menos 49 incendios en todo el departamento y otros que están surgiendo y se encuentran activos en el territorio.
La preocupación fue expresada este martes por Octavio Álvarez, coordinador del Sistema Nacional de Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Sinapred), tras revelar que en Nueva Segovia contabilizan hasta la fecha unas 2 mil 215 hectáreas de bosques latifoliados y de pino en desarrollo y regeneración natural que se han quemado.
Aproximadamente 750 brigadistas voluntarios y las siete brigadas conformadas por unos 70 efectivos del Ejército han hecho frente a los incendios forestales en los municipios de Macuelizo, Jalapa, El Jícaro, San Fernando y Santa María.
Para Álvarez, el fenómeno es más preocupante porque los incendios forestales proliferan por todo el departamento y han empezado a afectar las sensibles áreas de regeneración natural de pino, en los municipios de San Fernando, Mozonte, Macuelizo, Jalapa y El Jícaro.
CASI IGUALES A LOS OCURRIDOS EN 2008
“Falta todavía un mes aproximadamente para que el período de verano concluya y los registros ya casi se asemejan a los resultados totales del mismo período del 2008, que concluyó con 2 mil 600 hectáreas de bosques quemadas”, insistió.
Por su parte el capitán Ricardo Pérez, oficial de la Defensa Civil, sostuvo que uno de los incendios más fuertes tuvo como escenario el sector de Los Urales, sobre la Reserva Natural de la Cordillera Dipilto-Jalapa, en el municipio de San Fernando, que fue controlado en Semana Santa y volvió a reactivarse carbonizando 250 hectáreas entre bosque latifoliado y pinares jóvenes.
Informó que paralelamente otro frente de llamas logró apagarse en el sitio El Coral, tras consumir 150 hectáreas de coníferas, que recubrieron el área después de la devastación hecha por el gorgojo descortezador Dendroctonus frontalis, entre los años 2000 y 2002.