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Cartas al Director Éxito “El éxito consiste en vencer el temor al fracaso”. Obama y la Cumbre El Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llegó, vio y venció en la V Cumbre de las Américas, de Trinidad y Tobago. Llegó con el olivo de la paz y la voz del buen vecino que “jura ya […]

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Éxito

“El éxito consiste en vencer el temor al fracaso”.

Obama y la Cumbre

El Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llegó, vio y venció en la V Cumbre de las Américas, de Trinidad y Tobago. Llegó con el olivo de la paz y la voz del buen vecino que “jura ya no ser más tu enemigo” como le dijo el lobo a San Francisco de Asís en el diálogo entre el hombre y la bestia. Y en respuesta encontró también buena voluntad y respeto de los presidentes latinoamericanos, que están ansiosos de una verdadera reconciliación con el hermano del Norte. Estados Unidos, el país más poderoso del mundo que invadió, ocupó, usurpó en el pasado, busca en el presente la reconciliación con sus vecinos de América Latina, que tienen dentro de las entrañas del imperio millones de cachorros que “rezan a Jesucristo y hablan español”.

Obama, el primer negro electo Presidente de Estados Unidos, sabe que ganó, porque la comunidad hispana votó por él, y demostró en la Cumbre de las Américas que es agradecido. También sabe que sin la minoría hispana y negra no podrá reelegirse. Y que después de la elección de un negro como Presidente, ya nada será igual en su país. La etapa de las intervenciones y cañoneras quedó atrás. Pero así como Obama llegó a Trinidad y Tobago para oír a los presidentes latinoamericanos, también llevó propuestas que tienen que ser implementadas en América Latina. Y las condiciones son estrictas. Si quieres ayuda económica, respeto a la soberanía nacional y la autodeterminación, también —estos países— deben implementar la democracia, la libertad, y buscar las mejores vías para terminar con autoritarismo y corrupción.

Obama no vino sólo a comprometerse, sino también espera compromisos de los gobiernos aliados de EE.UU., como Colombia y México, y verdaderos cambios democráticos de parte de los países que están en búsqueda de “nuevas vías” revolucionarias de gobierno y sociedad. Se abogó por Cuba en la Cumbre, pero si Cuba quiere conservar el respeto y apoyo de los países no comunistas de América Latina tendrá también que dejar su política injerencista en los asuntos de las naciones que apoyan al “imperialismo”. Si exigimos respeto debemos respetar. Si exigimos cambios debemos cambiar. Quizás la nota irrelevante de la Cumbre haya sido la perorata del presidente Daniel Ortega y su recuento histórico sobre la política de Estados Unidos en el mundo. La demagogia tiene que terminar. El pasado es valioso si se aprende de él. Si Somoza era corrupto y un dictador… alejemos lo más posible de imitarlo. Caer en corrupción y autoritarismo es atraso. Democracia y convivencia es desarrollo.

José Antonio Luna

Nación sin transparencia

Meses atrás Daniel Ortega condenaba la política económica del Fondo Monetario Internacional (FMI), cuando estaba de grandes con el dictador venezolano Hugo Chávez. Ortega pensó que Chávez le seguiría tapando el desastre económico que ha causado en el país más pobre de América Latina. ¿Para qué le debería de otorgar una línea de crédito el FMI a la Nicaragua de Ortega, si está más que comprobado que es un gobierno divisionista y violento que no le interesa ni siquiera promover un clima estable, para trabajar o incrementar la capacidad productiva en Nicaragua?

Estoy convencido de que el gobierno orteguista ni con todo el dinero del mundo saldrá adelante. Ya que Nicaragua bajo Ortega es una nación sin ningún nivel de constitucionalidad o transparencia fiscal, ¿cómo se le piensa prestar fondos a un gobierno orteguista altamente corrupto, confrontativo, y sin legitimidad en términos de gobernabilidad? Mientras todas estas instituciones internacionales como el FMI, BID, y BM no promuevan asistencia económica basada en responsabilidad fiscal, transparencia constitucional y legitimidad en términos de gobernabilidad, en nuestros países pobres siempre se mantendrá este ciclo de mediocridad económica, una abrumadora pobreza y subdesarrollo acompañado de las mismas excusas antiimperialistas.

Urias Martínez

Eufemismo eléctrico

Respecto a la nota periodística publicada el pasado 15 de abril con el título INE: “Contrato para 15 años”, no me explico las razones para recurrir a ese eufemismo de plantas generadoras de “baja eficiencia”, para encubrir motores diesel y generadores eléctricos procedentes de Cuba, donde estuvieron prestando servicio durante varios años, estando ya al término de su vida útil. Las plantas nuevas tienen alta eficiencia, medida por la cantidad de diesel que se requiere para producir un KWH.

El porqué de la concesión, aprobada por el Ministerio de Energía y Minas (MEM), sea por 25 años, es porque se trata de un negocio de alta rentabilidad para el complejo de empresas energéticas y de otra índole propiedad de la familia Ortega Murillo y altos cuadros del partido de gobierno. La cacareada solidaridad bolivariana no ha sido más que un gigantesco bluf para encubrir una serie de negocios que convierten a Nicaragua en botín cautivo del FSLN. ¿Qué dicen de todos estos negocios turbios los contralores colegiados de la CGR y los diputados de la Asamblea Nacional? La Red de Defensa del Consumidor debe protestar públicamente.

Felipe Blandón Lorío

Destrucción de Venezuela

Ningún gobierno venezolano se había antes dedicado a acabar con la infraestructura y con el aparato productivo. Habíamos tenido presos políticos, perseguidos y exiliados, hasta asesinados y torturados, pero el país seguía funcionando. Dictadores y presidentes favorecían a sus amigos y acólitos, pero solían estimular el empleo, las inversiones extranjeras, la producción agropecuaria, la industria y el comercio. Hugo Chávez, por el contrario, ha instaurado un tipo de gobierno totalmente diferente: la “dictadura democrática”, donde todos los poderes e instituciones públicas son genuflexas a su mandato. Aprovechando todo ese poder, no sólo viola abiertamente la Constitución, sino que lo hace con la aprobación y el beneplácito de instituciones que deberían controlarlo. Ya no tenemos puntos de referencia. No reconocemos al país donde nacimos. A ningún mandatario se le había ocurrido cambiarle el nombre a la nación, cambiar la moneda, cambiar la bandera y cambiar hasta la hora. Sólo falta que nos cambie el Himno Nacional y el idioma, aunque parece estar en camino de esto último con su vocabulario y vulgares expresiones.

Nuestro aliado ya no es Estados Unidos sino Cuba, Irán y Sudán. Lograr éxito sin la venia del gobierno es malo. Las escuelas públicas y privadas adoctrinan a las nuevas generaciones con esa nueva ideología, suerte de refrito tropical de marxismo, castrismo y caudillismo. Ser “blanco” es ahora un estigma y motivo de discriminación social y gubernamental en Venezuela. Asimismo, Chávez ha acabado con el sector agropecuario. Nadie invierte en el campo, sólo el Estado. Acabó con las inversiones extrajeras, a menos que provengan de China, Irán, Cuba o Bolivia. Acabó con la industria privada y los empresarios que quedan operan con permiso y supervisión estatal o están a la espera de alguna intervención o expropiación. La gran mayoría del empresariado no-chavista ahora se dedica al comercio, importando bienes que pueden vender rápidamente, en un mercado controlado por el Estado, y con divisas que el mismo gobierno otorga, o —de lo contrario— se dedican a conseguir contratos con sus amigos chavistas.

La nación que conocimos como Venezuela desaparece. Chávez sigue la misma política que aplicó Fidel Castro a partir de 1960. Así vemos el éxodo de profesionales y de quienes aspiran a un futuro mejor para sus hijos. Otros se resignan a bajar la cabeza, mientras esperan alguna insurrección militar que los libere. Mientras tanto, observamos con gran tristeza la destrucción de nuestra sociedad y de nuestro país.

Francisco Herrera Terán
Empresario venezolano. © www.aipenet.com

Fe de errata

En el editorial de ayer lunes 20 de abril, titulado La coalición democrática, en el tercer párrafo, donde se lee que “sólo el 18.5 por ciento de los encuestados expresó estar en total desacuerdo con la formación de una gran unidad democrática”, la palabra “total” está demás. Debe leerse “sólo el 18.5 por ciento está en desacuerdo…”

Lamentamos el error y ofrecemos nuestras disculpas.

El Editor

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