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Sheffield reúne las cifras
Tomado de ESPNdeportes.com
Gary Sheffield ha alcanzado la marca de los 500 jonrones, convirtiéndose en el 25° pelotero de la historia en lograr dicha hazaña. Pero la pregunta que debemos hacernos, tal como nos la plantearemos con muchos de los peloteros de esta complicada era, es la siguiente: ¿Merece entrar en el Salón de la Fama? Con una pausa y algo inquieto, digo que sí.
No es una pregunta fácil de responder. La candidatura de Sheffield para Cooperstown tiene varias complicaciones —algunas de carácter y comportamiento— que podrían dejarlo afuera del Salón de la Fama en su primer año de elegibilidad. Tal vez durante sus primeros cinco años. O tal vez para siempre. Pero las estadísticas, los números crudos, no son un problema.
Casi 17.000 jugadores han pasado por las mayores a lo largo de la historia, y solamente 25 han conectado 500 jonrones. Son unos dos de cada 1.000 jugadores. A eso súmale su promedio de bateo de .292, y Sheffield entra en un grupo aún más selecto: Solamente 12 jugadores en la historia han logrado conectar 500 jonrones con un promedio total superior a .290. Sheffield además ha pegado 30 jonrones por temporada ocho veces.
Pero su carrera no se reduce a los cuadrangulares. Sheffield es uno de los 25 peloteros de la historia con 1.500 carreras empujadas y 1.500 anotadas; de esos 25, 19 están en Cooperstown, y los otros seis son Sheffield, Alex Rodríguez, Rafael Palmeiro, Jeff Bagwell, Ken Griffey Jr. y Barry Bonds –todos candidatos al Salón de la Fama. En el 2008, Sheffield superó a Al Kaline, Harmon Killebrew, Mike Schmidt y George Brett para enlistarse entre los primeros 30 jugadores de todos los tiempos en total de carreras impulsadas. Lleva seis temporadas con promedio de bateo de .300, bateando 30 jonrones y empujando 100 carreras, dos campañas más que Griffey.
El promedio total de embasamiento de Sheffield es de .394 (comparable con el de Joe DiMaggio de .398) y su marca de slugging (.516) está encima de la de Killebrew y justo debajo de la de Schmidt. Su OPS —porcentaje de embasamiento más slugging— es más alto que el de Schmidt. Y ha hecho todo esto con más bases por bolas que ponches, algo fuera de lo común hoy por hoy que los ponches son tan ampliamente aceptados.
En 1992, cuando Sheffield ganó el título de bateo de la Liga Nacional (.330), había bateado 33 jonrones, y se convirtió en el primer jugador desde Ted Kluszewski (1953-56) en conectar tantos jonrones en una campaña con 40 ponches o menos. En los últimos 25 años, los únicos peloteros con una mejor proporción de jonrones-ponches fueron Bonds, Vladimir Guerrero y Albert Pujols.
Sheffield fue elegido al Juego de Estrellas nueve veces. Desde que comenzaron las votaciones de Jugador Más Valioso en 1931, está empatado con Rickey Henderson en el 38° lugar dentro de la lista de votos totales, más que muchos miembros del Salón de la Fama, como Carl Yastrzemki, Cal Ripken y Willie McCovey. Un amigo que se dedica a las estadísticas clasificó a los cinco jugadores más productivos de los últimos 25 años. Son Barry Bonds, Rickey Henderson, Frank Thomas, Jeff Bagwell y Sheffield. Y Sheffield tiene 251 robos: Los únicos otros miembros del Club de los 500 jonrones con al menos 251 robos son Bonds, Rodríguez y Willie Mays.
Los números de Sheffield son convincentes, pero no son fáciles de cuantificar porque los compiló en ocho equipos diferentes: Cerveceros, Padres, Marlins, Dodgers, Bravos, Yankees, Tigres y Mets. Nadie más en el Club de los 500 Jonrones ha jugado en más de cinco equipos, si eso te dice algo. Sheffield nunca pasó más de seis años en un club, de modo que no es el mejor pelotero de la historia de ninguna franquicia. Nunca ha conectado 150 jonrones para un equipo. Para simplificar las cosas, es difícil identificarlo con un determinado club.
Eso le jugará en contra en las votaciones al Salón de la Fama, al igual que su defensa y su mal carácter en más de un equipo.
Una vez reconoció haber cometido errores a propósito cuando era joven, para salir de Milwaukee. Tiende a hablar demasiado en público, a hablar sin pensar y a hablar de temas que no le conciernen, lo que terminó en muchas salidas desagradables. Más de una vez se quejó por su contrato, que fue una de las razones por las que los Dodgers lo canjearon a los Bravos tras la campaña de 2001. Y tras ser cambiado por los Yankees a los Tigres tras la temporada 2006, no dijo que el mánager Joe Torre fuera un racista, pero comentó que trataba a los jugadores negros diferente que a los blancos.