A través de un carisma que no sólo sedujo a los espectadores del boxeo, y de un instrumental físico, cuya calidad fue plenamente comprobada, Oscar De la Hoya escribió un historial que trascendió el contexto deportivo.
Y aún cuando se podrían someter a debate algunas de sus presentaciones, existe un mérito que Oscar se adjudicó de forma inobjetable: sostener al boxeo en medio de una gran crisis.
Para cuando figuras del calibre de Mohammed Ali, Sugar Ray Leonard o Mike Tyson habían perdido su magia, surgió De la Hoya y con una carrera inteligentemente diseñada cargó en sus hombros al boxeo, y le hizo conservar su atractivo, que para entonces sólo se encontraba en los vídeos.
Todo inició con su medalla en las Olimpiadas de Barcelona en 1992, antes de saltar al pugilismo rentado, donde tras 12 peleas disputó y ganó la primera de sus diez coronas en seis categorías distintas.
Luego se dedicó a dar lustre a una carrera que lo conservará de manera consistente en la memoria colectiva.
En su inicio, De la Hoya escenificó notables duelos como los disputados contra Jorge “Maromero” Páez, John John Molina y Rafael Ruelas, antes de encontrarse con Julio César Chávez, justo cuando su carrera tuvo el punto de inflexión.
Luego enfrentó a los mejores boxeadores de su generación, aunque algunos de ellos no propiamente en su etapa de esplendor, pero barrió con la mayoría, mientras generaba ganancias sin precedentes en el pugilismo.
Después vinieron presentaciones como la que tuvo ante Shane Mosley, Félix Sturm, Tito Trinidad o Bernard Hopkins, quien le asestó un golpe que nadie vio aquella noche en Las Vegas, aunque De la Hoya terminó en el piso.
Oscar tenía rato de ofrecer poco en sus peleas, pero las ganancias conservaban su ritmo, al extremo de lograr con Floyd Mayweather los más grandes réditos que un combate ha generado.
Ahora se va y su vacío no será fácil de llenar. No sólo se trata de talento boxístico, sino de carisma, algo que le sobró a De la Hoya, quien no se dejó afectar su rostro de artista, mientras seducía con su habilidad en el ring.