- Vicky Cristina Barcelona (2008), escrita y dirigida por Woody Allen (sin su intervención como actor), está basada a grandes rasgos en Jules et Jim (1961), filme de culto entre los cinéfilos en las décadas de 1960 y 1970
No es nuevo para Woody Allen (comediante, dramaturgo, guionista y director neoyorquino de 74 años) hacer películas rindiendo homenaje a sus realizadores favoritos. Interiores (1978) está inspirada en Gritos y susurros, de Bergman. Stardust Memories (1980) es un autopsicoanálisis a la manera de Ocho y medio de Fellini (Alice, filmada en 1990, con Mia Farrow, corresponde a Julieta de los espíritus, que Fellini hizo para su esposa Giulietta Masina).
Vicky Cristina Barcelona (2008), escrita y dirigida por Allen (sin su intervención como actor), está basada a grandes rasgos en Jules et Jim (1961), filme de culto entre los cinéfilos en las décadas de 1960 y 1970, realizado por Francoise Truffaut. Acto de justicia poética, pues Allen le debe mucho a este gran director de la Nueva Ola francesa, con su estilo que combina el drama, la cinefilia y el humor, enfatizando el desarrollo de los personajes por encima de los ángulos y desplazamientos de cámara (un cine que viene más de Chaplin, que de Griffith o Eisenstein).
Jules et Jim, sobre novela de Henri-Pierre Roché, es la historia de dos escritores (Henri Serre y Oskar Werner) que a lo largo de varios años comparten a la mujer que aman: Catherine (Jeanne Moreau). Todo desemboca en una exploración dialéctica de las relaciones entre libertad y compromiso.
En Vicky Cristina Barcelona los sexos están invertidos. Jules y Jim son ahora dos norteamericanas de paso en Barcelona: Vicky (Rebecca Hall), a punto de casarse, y Cristina (Scarlett Johansson), cineasta neófita en trance de fuga geográfica. El lugar de Catherine lo ocupa el pintor español Juan Antonio (Javier Bardem), que se acerca por primera vez a las amigas en un bar de Barcelona y las invita a compartir con él un fin de semana en Oviedo. Tras un par de días con muchas complicaciones, las dos se enamoran del pintor.
En el mundo de lo verosímil fílmico todo amante perfecto esconde algún esqueleto en su clóset: Vittorio Gassman resulta ser un perdedor nato en Il sorpasso; en Diario de una esposa desesperada, Frank Langella ahuyenta a Carrie Snodgress al revelársele como sexualmente ambidextro; y en Una luz en el hampa (de Fuller), la ex prostituta Constante Towers se horroriza al descubrir que su hombre ideal (joven, alto y millonario) es un paidófilo sádico.
El único esqueleto en el clóset de Juan Antonio parece ser su ex mujer, María Elena (Penélope Cruz), una española con mucho talento (genio dirá ella) que pinta, toca piano y trata de suicidarse a cada rato. En la analogía con el filme de Truffaut, María Elena combina rasgos de Catherine y Jim cuando irrumpe en la nueva relación de su ex marido, para dejar claro que ella y éste son el uno para el otro (sin ser el uno para el otro: algo muy complicado que sólo un poeta como mi padre puede comprender, comenta Juan Antonio).
Enfrentadas al torbellino de María Elena, las amigas norteamericanas se dan cuenta de que en el mundillo de la pareja de españoles, verdaderamente artistas, auténticamente bohemios, legítimamente excéntricos, ellas no llegan ni a diletantes.
Allen comenzó su carrera de director con comedias alocadas como Robó, huyó y lo pescaron (1969) y Bananas (1971). Pronto dio un giro hacia las comedias románticas sofisticadas, convirtiéndose en cronista de una subcategoría de la clase media alta de Nueva York: los jóvenes con inclinaciones intelectuales que habiendo logrado ubicarse en profesiones que satisfacen sus aspiraciones, son incapaces de resolver sus conflictos emocionales.
Como es usual en casi todos los realizadores, Allen tenía muchos años de estar repitiéndose. Pero su nuevo filme, aunque aborda los temas usuales de su cine, nos hace respirar una atmósfera fresca: Sin ser una gran película, resulta sumamente entretenida con personajes que actúan según su propia dinámica (y no hablan como los personajes en las películas de Woody Allen).
Allen (junto con Cukor, Mizoguchi, Bergman y Almodóvar, entre otros) es uno de los grandes directores de mujeres. Y esto se nota en esta película. La actuación mejor matizada es la de Rebecca Hall, seguida muy de cerca por la Johansson (La muchacha del arete de perla en el filme de Peter Webber), que trabajó anteriormente con el director en Match Point (2004), rodado en Londres, y Scoop (2006).
Penélope Cruz ha sido comparada con Sophia Loren, pero en esta película es más Anna Magnani, aunque una Magnani bonita y sexy. Su actuación, salpicada de explosiones emocionales, resultó para los votantes del Oscar una tentación que no pudieron resistir. Cruz demuestra lo que todos los nietos de madrileñas sabemos desde niños: Nada hay más temible para un hombre que oír gritar a una española enfurecida.
La narración en off que ha confundido a tanta gente es (igual que los paseos en bicicleta) una referencia a Jules et Jim, cuya narración en off sirvió a Truffaut para explorar las relaciones entre la palabra y las imágenes en movimiento. La narración en Vicky Cristina Barcelona no pretende tanto, pero da al filme un sabor a Nueva Ola francesa con esqueixada y vino de Tarragona.