- Con un amplio abanico de conciertos, los melómanos celebran a Franz Joseph Haydn (1732-1809), padre de la Sinfonía
El 2009 es el año de Franz Joseph Haydn (17321809) por estar gratamente impregnado de ceremonias melodiosas en las cuales se han pintado y refrescado todos los colores de su obra, el fruto de su cosecha prolífica.
Todo este movimiento recorre la distancia de doscientos años contados a partir de su fallecimiento, ocurrido en la madurez de 77 años, vividos para crear y trazar signos en el vacío misterioso, finalmente cubierto por la perpetuidad. Qué mejor apoyo para la aseveración de su presencia.
Desde niño respiró el aroma de la música. Anteriormente Juan Sebastián Bach llenó los trámites de la duración privilegiada, concentrada en los selectos escenarios del mundo. Cada vez que un genio cumple con la indispensabilidad de sostener la firmeza de tantas láminas, viviendo gloriosamente, se hace un duplicado maravilloso de la misión, de la admiración heredada de generación a generación, proceso en el cual no le corresponde ningún portillo al olvido. Ellos y otros de su estirpe son las excepciones.
La primera que levantó el telón en la gratificación universal fue la Harmonía Mundi, así llamada por su espíritu ecuménico de repercutir en los cinco continentes. Efigie suya, comprobante de su acción en estos actos, es la iniciativa de publicar sus obras completas en un voluminoso estuche discográfico porque oronda, gruesa, fue la suma total de su creación a través de una costosa y bien estudiada investigación fundamentada en la evidencia con 76 páginas ilustradas sobre el autor, reunión que hizo todo lo posible por rescatar lo inédito, por trazar la ruta entre el borrador y la pieza acabada.
Ningún otro testimonio de su fecundidad, de su entrega laboriosa y apolínea. Y es que siempre cupo en el molde benedictino, en su devota disciplina matutina y vespertina, pues la noche fue para su reposo y cultivarse él mismo escuchándose en la recámara, no un dionisíaco como Beethoven de quien sería maestro en la teoría musical.
Además de eso, esa institución promueve con su influencia en la administración teatral planifica para todo el año 2009, conciertos en las salas donde la constancia afina los instrumentos de las orquestas sinfónicas y de los coros para los cuales fue un piadoso desde la infancia en que, movido por la aptitud, puso su voz en el coro de los niños cantores de Viena, tan recordados en Nicaragua, una tradición de siglos aún latente en la que también se oyó cantar a Franz Schubert.
El acuerdo de incluir sólo su música en las salas de concierto y de ópera, en programas especializados que excluyen al resto de la concurrencia sólo durante el 2009, obedece a la necesidad de lograr una sola concentración de opus exquisitos, puesta la remembranza en un sólo nombre y en una época sin posibilidad de que la reiteración motive el esplín, por cuanto él diversificó su imaginación incurriendo en la llamativa originalidad, por ejemplo en su oratorio, cuatro cantatas que exaltan la vida campestre, hasta llegar a ordenar con la metodología temática las formas del paisaje bucólico para lo cual utiliza disonancias atrevidas.
La Creación (1798), Oratorios (1801), las obras para piano, los cuartetos para cuerda de los cuales fue un irrefutable fundador padre auténtico como lo fue de la sinfonía (compuso 104), realizadas en el trayecto de su vida con nombres propios como los de la Reina y el Reloj, como la ópera, son los géneros favoritos en la exposición de efemérides.
Papa Haydn dejó un legado musical abrumador, incluso para genios de su estatura y celebridad, tan corpulentos en la historia como él. Ante él desfilaron las juventudes de Mozart, de Schubert y de Beethoven. En las sinfonías de éstos puede advertirse si la acuciosidad las escudriña sin mucho esfuerzo, algo o mucho de la influencia de Haydn, principalmente en Mozart, a quien respondió al sentirse aludido en una carta: No hablo varios idiomas, pero mi lenguaje lo entiende todo el mundo.
Tocando el punto de las influencias hay un botón de muestra. Compare lector la 85 de Haydn con la tercera de Schubert. Fíjese en el andante. Sus oídos apreciarán la contigüidad, la similitud en el corte melódico tanto en la entrada como en el desarrollo. El célebre autor de la Inconclusa tuvo como idea homenajear a su antecesor con la exposición de un fraseo del maestro. Cómo aclarar la intención si en la música no existe el entrecomillado que fácilmente notamos en la literatura. Cualquiera deduciría por ignorar la motivación que uno plagió al otro. Schubert quiso marcar la transición entre el clasicismo y el romanticismo.
Dentro de las principales cabeceras del globo, Londres ha sido la más entregada a la conmemoración, por la razón de que fue ahí donde mayor fortalecimiento tuvo su estabilidad económica y más reconocimiento su ocupación de director de orquesta y de compositor. Una lluvia oportuna de florines hizo feliz su constancia.
Ha viajado el cumple siglos sobre la cima veloz de los tiempos, ha cumplido con el esplendor de una misión que no ofrece de ninguna manera el menor síntoma de languidecer.
Mientras tanto, aquí en la tierra sus admiradores no nos cansaremos de seguir escuchando su música, desde la introducción hasta el encore, gritado y palmeado por todas las civilizaciones donde vive y retumba la predilección por la armonía.