El cantautor Ofilio Picón, que ha musicalizado los versos de Rubén Darío.LA PRENSA/Archivo

Darío y su musicalidad

La poesía de Rubén Darío en la música de Ofilio Picón Es un lugar común ya en la crítica dariana comentar la gran musicalidad que tiene su poesía; existiendo al respecto serios estudios que señalan los procedimientos lingüísticos usados por el poeta para lograrlo, como la construcción de versos con palabras en las que predominan […]

  • La poesía de Rubén Darío en la música de Ofilio Picón

Es un lugar común ya en la crítica dariana comentar la gran musicalidad que tiene su poesía; existiendo al respecto serios estudios que señalan los procedimientos lingüísticos usados por el poeta para lograrlo, como la construcción de versos con palabras en las que predominan las vocales abiertas y tónicas para producir sonidos altisonantes, al contrario del empleo de las vocales suaves y cerradas, —la u y la i—, para producir sonidos débiles y suaves.

Al repasar su obra, Rubén se satisfacía de haber logrado sus propósitos. Así lo vemos, entre otros de sus comentarios, en palabras liminares de Prosas Profanas al decir: “¿Y la cuestión métrica? ¿Y el ritmo? Como cada palabra tiene un alma, hay en cada verso, además de la armonía verbal, una melodía ideal. La música es sólo de la idea, muchas veces”. Y más adelante, en Dilucidaciones de el Canto Errante, encontramos lo siguiente: “… No gusto de moldes nuevos ni viejos… Mi verso ha nacido siempre con su cuerpo y su alma, y no le he aplicado ninguna clase de ortopedia. He, sí, cantado aires antiguos; y he querido ir hacia el porvenir, siempre bajo el divino imperio de la música-música de las ideas, música del verbo”. Rubén revela además, de este modo, que el sentido musical de su poesía era un don natural suyo, que pone de manifiesto años después Erika Lorenz, en su estudio leído y publicado aquí en Nicaragua al cumplirse el centenario del nacimiento del poeta: Rubén bajo el divino imperio de la música.

Pero, sin ninguna duda, la confesión más interesante de Rubén acerca de lo que nos mueve en estos momentos, es la que nos deja en su autobiografía, —sección XL—, cuando después de llamar poderosamente la atención sobre la sensualidad y el desborde de música que hay en la poesía de Prosas Profanas y Otros Poemas, se detiene especialmente en Sonatina para expresar una profunda lamentación: “Luego vienen otras poesías que han llegado a ser de las conocidas en España y América como la Sonatina, por ejemplo, que por las particularidades de ejecución, yo no sé por qué no ha tentado a algún compositor para ponerle música”. La voz del poeta saludado y reconocido ya en todo el continente americano parece reclamarnos por no haber sabido corresponder hasta entonces con el signo de musicalización de sus poemas.

Y es ante ese reclamo que Ofilio Picón se levanta y va donde él, portando un disco compacto que lleva al pentagrama toda una hermosa colección de trece poemas, convertidos por su creación musical en trece canciones de poesía dariana. Sabemos bien lo difícil que es realizar tal labor, sobre todo, cuando el poema musicalizado tiene ya de por sí una extraordinaria riqueza melódica. Esto puede dar un conflicto entre la melodía propia del poema y la melodía con que trata de realzarlo el compositor musical. Se necesita una gran capacidad del segundo para que ambas melodías armonicen en un todo, que permita gozar del ritmo poético en primer término, como a la vez del musical, sin obstaculizarse. A mi juicio, esa capacidad la demuestra el profesor Picón, rindiendo con sus arreglos musicales un ferviente y espléndido homenaje al poeta.

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