Ernesto González Valdés

Todos. Considerado por muchos como una necesidad primaria ¿Quiénes necesitan afecto? El título de la columna de hoy nos conlleva a una respuesta nada compleja, ni difícil: todos necesitamos de afecto. Pero posiblemente la diferencia o prioridad, entre ese todo, lo determinarán varios factores, como son la edad o la situación que presente el individuo […]

Todos. Considerado por muchos como una necesidad primaria

¿Quiénes necesitan afecto?

El título de la columna de hoy nos conlleva a una respuesta nada compleja, ni difícil: todos necesitamos de afecto. Pero posiblemente la diferencia o prioridad, entre ese todo, lo determinarán varios factores, como son la edad o la situación que presente el individuo en un momento dado.

Partamos del concepto de afecto: Inclinado a alguien o algo. || 2. Cada una de las pasiones del ánimo, como el amor o el cariño. Que viéndolo así, conceptualmente, ello nos permite aclarar que una persona cualquiera sea su edad, ante la falta de amor, cariño o ayuda, carecerá de una necesidad primaria, tan relevante como el oxígeno que respiramos, sin el cual podríamos sobrevivir. Pero ¿acaso exagero cuándo menciono sobrevivir?

No sólo en novelas, sino en la vida real, se han dado casos de personas que ante la carencia de afecto se enferman e inclusive recurren al extremo del suicidio. ¿Motivos? El despido de su trabajo, y las consecuencias que acarrea, partiendo de lo económico. Una situación de salud de un familiar no prevista y donde hay que “echarlas todas”; pero más allá de lo económico el desarrollo intelectual del individuo que de pronto queda truncado, quedando ante la total indefensión. Cualquiera de los ejemplos antes descrito requiere de un antídoto: el afecto.

Un colectivo “antídoto” lo constituye la familia. ¿Cuál ha de ser la posición de la misma? Cerrar filas para tratar de solucionar el problema lo antes posible. Ayudar en la búsqueda — a la persona afectada— de un nuevo trabajo; brindar ayuda económica, temporalmente, tratando de garantizar lo básico al menos la alimentación de los más pequeños del hogar. En el caso de salud, la búsqueda de amigos doctores, pero, de no lograr nada de lo anterior, ya que no todo lo resuelve el dinero, lo menos, menos, es decirle al afectado, “…estoy contigo, esta noche me quedo cuidándote en el hospital”; una tortilla con queso, “tomá la mitad”.

Pero en el caso particular de los estudiantes ¿qué? Lo usual es brindar mayor afecto a los más pequeños, considerados como los más indefensos, ante los sinsabores de la vida misma, digamos: malos resultados en los estudios. Posterior al análisis de las causas — inclusive asistiendo a la escuela para conversar con los docentes— que condujeron al bajo rendimiento académico, demostrar confianza en que en una segunda ocasión logrará superar sus notas, lo cual no excluye a los estudiantes universitarios que en muchos casos pasan a la “orfandad”, porque equivocadamente algunos padres, suelen considerarlos ya, como “un problema de ellos”. Casi seguro estoy que sobre la faz de la Tierra todos los que la habitamos necesitamos afectos: ¿una sonrisa?, ¿unos buenos días? Un ejercicio que no encuentras respuesta, ¿te ayudo en la solución? Piénselo bien y con su afecto mañana será un día mejor.

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