- “La reelección para nuestro país ha sido motivo de tensiones y conflictos, por lo tanto es una experiencia desaconsejable”, dice filósofo
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Ludwin Loáisiga
La intención del presidente Daniel Ortega de eliminar las “barreras” para la reelección sucesiva o cambiar el sistema de gobierno presidencial por uno parlamentario, para convertirse en Primer Ministro y luego continuar como Presidente, lejos de abonar al fortalecimiento de la democracia como él dice, responde a una ambición por la concentración de poder, según analistas políticos.
Para el filósofo Alejandro Serrano Caldera, “es contraproducente hablar de una apertura democrática y al mismo tiempo cerrar las puertas para que puedan haber otros candidatos”. “Me parece —agregó— que no es una propuesta que fortalezca la democracia, (sino) es una propuesta que definitivamente cierra todos los espacios a los demás y plantea solamente una posibilidad alrededor de una sola persona”.
Con su aspiración confirmada, Ortega busca su tercera elección y segunda reelección, sin tener en cuenta el período en el que fue coordinador de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, entre 1979 y 1985. Serrano Caldera recordó que “la reelección para nuestro país ha sido motivo de tensiones y conflictos, por lo tanto es una experiencia desaconcejable”.
Efectivamente, los presidentes que han establecido la reelección en el país han dejado el poder tras violentos y sangrientos desenlaces. Lo fue para el conservador y primer Presidente del país, Frutos Chamorro, que desató una guerra civil e invasión filibustera; para el liberal José Santos Zelaya, que tras dieciséis años de gobierno dimitió obligado por una ocupación extranjera; para el dictador Anastasio Somoza García, baleado por un opositor en la fiesta de la convención que lo proclamaría para un nuevo período, en 1956, y para el último de esa dinastía, Anastasio Somoza Debayle, derrocado por una revolución que encabezó el Frente Sandinista, que ahora controla Daniel Ortega.
En la entrevista que concedió al periodista británico David Frost, Ortega criticó que la reforma constitucional de 1995 (hecha a la Constitución de 1987, aprobada durante su primer gobierno) prohibió la reelección sucesiva, y luego planteó la “necesidad” de establecer en Nicaragua un régimen de “democracia directa”, que requería un cambio del sistema de gobierno presidencial por un parlamentario en el que él se veía “contribuyendo” como Primer Ministro, para luego volver a competir como Presidente en un siguiente período.
Sin embargo, Serrano señaló que “si realmente lo que se quiere favorecer es la democracia y una mayor participación de la ciudadanía, por qué no se deja una oportunidad mayor para los miembros de su partido, ¿o es que no hay alguien que pueda asumir realmente la construcción del país, proveniente del Frente Sandinista?, ¿es que solamente una persona de un partido puede ser su candidato?”, se preguntó Serrano.
El analista político y experto en Derecho Constitucional, Gabriel Álvarez, criticó que Ortega se vale del concepto de “democracia directa” para encubrir su verdadera ambición de poder.
“Usa el término de democracia directa de una manera que no lo significa, de manera que sus conceptos denotan ignorancia total o manipulación descarada”, estimó Álvarez, quien agregó que la Constitución establece mecanismos de democracia directa como el plebiscito y referendo, pero ni éstos ni el concepto de “democracia directa”, están vinculados a un sistema presidencial o uno parlamentario.
Serrano agregó que “si una persona dice que él será candidato, que quiere ser Presidente y si no, que se cambie el sistema y ser Primer Ministro, para luego ser otra vez reelegido Presidente, me parece que es una declaración negativa con respecto a la consideración que él pueda tener a sus correligionarios y colegas, porque está diciendo: mientras yo esté aquí, no sale nadie más”.
“No es posible que una persona esté pensando en concentrar solamente en ella las posibilidades de gobierno, cerrando espacios para otros correligionarios que puedan tener capacidad y derecho a aspirar”.
“Me parece que eso en lugar de abrir la democracia, cierra la democracia, en lugar de fortalecer la participación, está cerrando la participación, porque otras personas de su propio partido, de sus correligionarios, no podrían participar pues, según estas declaraciones, el actual Presidente tiene previsto seguir siendo Presidente, si acaso se reforma la Constitución, si no puede ser Presidente ser Primer Ministro y después intentar ser Presidente de nuevo”, agregó Serrano.
Para Álvarez, “la principal preocupación de Ortega es la limitación a la reelección y no la de garantizar una verdadera democracia, menos directa, porque si así fuera, haría uso del plebiscito o el referendo.
Serrano y Álvarez coincidieron en advertir que Ortega está doblemente inhibido para un próximo período presidencial, pues la Constitución (Arto. 147) prohíbe la reelección sucesiva y también que una persona sea Presidente del país en más de dos ocasiones, como ocurre con Ortega. De manera que su aspiración pasa inevitablemente por una reforma constitucional.
La última reforma constitucional fue en el 2000, tras el pacto entre Ortega y el entonces presidente Arnoldo Alemán, que controla el Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Ese partido sostuvo ayer que no apoya la reelección sucesiva ni el cambio de sistema de gobierno (aunque no dijo nada específico contra las reformas) y, en cambio, propuso adelantar para el 2010 las elecciones presidenciales, de diputados, alcaldes y autoridades regionales, recortando los períodos de éstos. Mientras, Alemán continúa una gira nacional, en la que se promueve como candidato presidencial en el 2011.