Tropa de Élite

Deshumanización oficial en aras de una noche de paz para Su Santidad Sí, Tropa de Élite suena a nombre de esas cintas categoría B de acción, que siquiera llegan a las salas de cine y terminan rellenando programación televisiva después de las diez de la noche, compitiendo con las de corte erótico. Pero, repare en […]

  • Deshumanización oficial en aras de una noche de paz para Su Santidad

Sí, Tropa de Élite suena a nombre de esas cintas categoría B de acción, que siquiera llegan a las salas de cine y terminan rellenando programación televisiva después de las diez de la noche, compitiendo con las de corte erótico. Pero, repare en la esquina izquierda de su cartel promocional, en la que se lee, ensombrecido por el tono oscuro que rodea al soldado armado, que esta película ganó el Oso de Oro del Festival de Cine de Berlín 2008, superando a un auténtico clásico moderno, como es Pozos de Ambición.

El capitán Nascimento (Wagner Maura) está al mando de un comando BOPE (Batallón de Operaciones Policiales Especiales). Está harto de las sangrientas incursiones en las favelas de Río de Janeiro.

La búsqueda de un reemplazo lo obsesiona. Neto (Caio Junqueira) y Matías (Andrés Ramiro) son dos buenos policías que debido al desorden burocrático y corrupto terminan asignados a puestos desagradables, pero el destino finalmente los conduce a ser parte de la BOPE.

La última visita del Papa Juan Pablo II a Río (1997) se convierte en la gran oportunidad para estos tres personajes de lograr sus ambiciones personales, mientras cumplen la misión encomendada a este escuadrón de la muerte oficial: Limpiar de narcotraficantes una de las peores favelas de la ciudad, ya que el Santo Padre pasaría una noche en una casa ubicada en sus cercanías. No importan los métodos a usarse. El sueño de Su Santidad no debía ser perturbado por disparos inoportunos.

A pesar de las inevitables comparaciones con Ciudad de Dios (2002), esta cinta presenta más diferencias de lo que uno esperaría. Fue filmada con el vertiginoso ritmo de un vídeo de rock. Las escenas se suceden con fluida rapidez, ya sean diálogos o tiroteos.

Este formato se sostiene continuamente, incluso cuando la cinta se “quiebra” y el giro protagónico se desvía de los tres personajes mencionados, para apuntar a la historia de la BOPE y el duro entrenamiento que conlleva formar parte de ésta. Son dos cintas en una. Perfectamente entrelazadas hasta caer en un intenso final. Y todo en dos horas.

Pero lo mejor son los subtextos contenidos en la historia. No espere una mirada descarnada de cómo es la vida en las favelas brasileñas. De eso ya se encargó Ciudad de Dios. Lo que sí va a encontrar es una lacerante crítica a la doble moral de la clase media-alta de Río de Janeiro.

Son los consumidores de droga de estos extractos sociales los que financian las armas de guerra, con las que las narcopandillas desangran las favelas, pero estos mismos organizan caminatas por la paz y fundan los ONG para ayudar a los pobres desdichados que las habitan. Al final, es claro quiénes son los verdaderos malos de la película, y no se sorprenda si considera que no son los narcotraficantes.

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