Siete Almas

Gratuitas confusiones bien actuadas Si existiese en los Oscar, los SAG o ya por último en los MTV Movie Awards una categoría que premiase las mejores actuaciones en una película gratuitamente confusa, Siete Almas definitivamente arrasaría. Y es que esta cinta es un claro ejemplo de cómo un director puede estropear el buen trabajo de […]

  • Gratuitas confusiones bien actuadas

Si existiese en los Oscar, los SAG o ya por último en los MTV Movie Awards una categoría que premiase las mejores actuaciones en una película gratuitamente confusa, Siete Almas definitivamente arrasaría. Y es que esta cinta es un claro ejemplo de cómo un director puede estropear el buen trabajo de sus actores al intentar estructurar varias historias sin sostener un equilibrio entre éstas.

El sinsabor que deja es tan latente que no se puede evitar lamentar cómo se enturbia el esfuerzo histriónico más intenso en las carreras de Will Smith y Rosario Dawson por estas conjeturas malogradas.

Ben Thomas (Smith) es un cobrador de impuestos de mirada triste, que disimuladamente se acerca a la vida de siete personas sin conexión alguna, para ayudarles de manera desinteresada. Repentinos flash back van explicando gradualmente a los espectadores la tragedia que detonó este altruismo extremo de parte de Thomas. Su plan enfrenta un pequeño tropiezo cuando se enamora de Emily Posa (Dawson), una de las almas que busca salvar.

La dirección de este proyecto corre a cuenta del italiano Gabriele Muccino, quien guió a Smith a su segunda nominación a un premio de la academia por el melodrama En Busca de la Felicidad (2006).

El problema con Siete Almas es que Muccino tiene que lidiar con igual número de historias, acomodarlas en un espacio que permita aclarar su conexión con la cruzada de Thomas y además exponer el drama particular que cargan. Bastante distinto al planteamiento de “En Busca…

Pero Muccino insiste en usar la misma fórmula: Diálogos constantes que nos recuerden a cada minuto lo triste y dura que es la vida de sus personajes. Se esforzó tanto en buscar cómo el público llene de lágrimas sus pañuelos, que dejó al garete sus historias, para luego conectarlas bruscamente con la misión de Thomas en un forzado final. Un par de lecciones del mexicano Alejandro González Iñárritu y su filme 21 Gramos, no le habrían venido nada mal al director italiano.

Pero hay que entender la disposición de Will Smith en trabajar con Muccino. Lo que le falta para armar coherentemente historias, le sobra para extraer buenas interpretaciones de sus actores. Noten el bilingüe e intenso choque entre Thomas y una inmigrante latina víctima de violencia doméstica. Rosario Dawson nos muestra el papel más lacerante de su carrera, a la vez que sostiene una química romántica con Smith, digna de la mejor de noche de San Valentín que usted pueda soñar.

Ben Thomas es el personaje mejor construido en la carrera de Will Smith. Su constante rostro acongojado es un fiel reflejo del tortuoso cargo de conciencia que lleva, el que lo motiva a tomar decisiones extremas, con tal de expiar las culpas que azotan su alma.

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