- Piden tomar conciencia de pecados personales y colectivos, como la violencia y la corrupción
La Conferencia Episcopal de Nicaragua exhortó ayer a la “conversión social” de los nicaragüenses, en un mensaje en ocasión del tiempo de Cuaresma, que inicia hoy Miércoles de Ceniza, en el cual anima a tomar conciencia de los pecados personales y colectivos.
“Los pecados personales como el egoísmo, la ambición personal y la violencia son la raíz de los pecados sociales”, dijeron los obispos, para quienes “en Nicaragua hemos sido protagonistas y víctimas de muchos pecados sociales”.
Entre esos pecados, la Conferencia enumeró “el de la corrupción institucional, la manipulación y compra de las voluntades, el egoísmo colectivo, faltas en la aplicación de la justicia, el narcotráfico y la drogadicción, los abortos clandestinos, la destrucción del medio ambiente, el incremento de la miseria, la deshonestidad, el desorden moral, la negligencia y la irresponsabilidad entre otros; todos éstos se han originado por la falta de educación en valores morales y religiosos”.
Para los obispos, estos pecados sociales son la causa de la actual crisis mundial.
A finales del 2008, la Conferencia Episcopal tuvo un alto protagonismo al pedir un recuento de votos y un cotejo de actas, tras las irregularidades denunciadas en las elecciones municipales de noviembre, que la oposición calificó como fraudulentas.
Es la misma razón por la que el próximo sábado 28 de febrero varias organizaciones civiles y partidos políticos marcharán de manera simultánea en nueve ciudades del país, aunque el Gobierno también ha convocado a otras manifestaciones partidarias.
“Hacemos un llamado urgente a la conversión personal y por consiguiente a la conversión social; este cambio exige abrirse a Dios, sobreponerse al egoísmo, a los intereses personales y partidarios, al desorden moral, a la injusticia, y cualquier tipo de estructura social corrupta”, expresan los obispos en su mensaje.
Los obispos valoraron que este tiempo previo a la Semana Santa (del 6 al 12 de abril) es “una oportunidad grande para alcanzar la verdadera conversión en el interior de cada persona y en la amplitud de nuestras estructuras sociales”.
La Conferencia recordó que la Cuaresma es “un camino de preparación espiritual más intenso, en el cual la liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales: la oración, el ayuno y la limosna”.
Este tipo de penitencias, recuerdan del mensaje del Papa Benedicto XVI, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos”.