Tras una cena, un abrazo… la muerte a sangre fría, con las estrellas como testigos. Hoy se cumplen 75 años del asesinato del general Augusto C. Sandino, quien fuera jefe del “pequeño ejército loco”, como lo bautizó la laureada poetisa chilena Gabriela Mistral.
El nieto de Sandino, Walter Castillo Sandino, recordó a su abuelo durante un acto que impulsó la Asamblea Nacional y dijo que se trata de un día “contradictorio”.
La Asamblea Nacional, que preside el sandinista René Núñez, recordó ayer el 75 aniversario del asesinato de Sandino, orquestado por quien luego detentó el poder durante más de 20 años en Nicaragua: Anastasio Somoza García.
“Es un día para nosotros muy duro, muy difícil, e incluso contradictorio, porque podemos conmemorar la muerte física de nuestro abuelo, pero también se puedo decir que celebramos la inmortalidad, pasó a una vida más allá, como él siempre decía”, expresó Castillo Sandino durante la ceremonia.
Sandino fue ultimado junto a sus lugartenientes Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor, a quienes el parlamento les levantó un monumento justo en el lugar adonde fueron asesinados el 21 de febrero de 1934, de donde hoy está el diario La Gaceta, una cuadra y media al norte.
El acto de recordación se celebró exactamente en el mismo lugar.
El llamado “General de Hombres Libres” jefeó una guerra por la soberanía nacional contra la presencia del Ejército de Estados Unidos en el país.
“La gesta de Sandino fue una gesta que entró no sólo en el corazón de los nicaragüenses, sino que fue una gesta que logró forjar la nacionalidad nicaragüense, la independencia de Nicaragua y el concepto de nación de los nicaragüenses y tuvo enorme aceptación internacional”, dijo Núñez Téllez.
El presidente de la Asamblea Nacional también recordó la existencia de una histórica efigie en honor a Sandino, inaugurada en China, en 1947.
“Hay una anécdota que señala que en 1947, cuando triunfó la revolución china, en el desfile de la victoria iba una efigie de Sandino”, relató Núñez Téllez.
MASÓN
En un escrito publicado en mayo de 2008, Walter Castillo Sandino explicó que su abuelo practicó la masonería, tras su primera estadía en México, entre 1923 y 1926.
“Por años se mantuvo oculto que mi abuelo era un practicante de la masonería y no sólo eso, sino que poseía el Grado 33 (máxima denominación dentro de esa organización)”, indicó Castillo Sandino.