- Valiente leonés fue clave en la captura de los asaltantes
Cuando Yáder García entró a la tienda de materiales deportivos propiedad de Hubert Silva, en las cercanías del Seminario, en Managua, su único propósito era comprar un bate para jugar softbol. Jamás imaginó que sería testigo de un asalto, y menos aún, que desempeñaría un rol decisivo en preservar la vida del manager del Granada, y hasta en la captura de los delincuentes.
“Ese hombre fue un ángel enviado por el Señor para salvarme la vida”, dice un convaleciente Silva, quien después de veintidós días de haber recibido dos disparos que lo llevaron a la sala de operaciones del Hospital Antonio Lenín Fonseca, ha comenzado un lento proceso de rehabilitación tras el asalto a su pequeño negocio de internet, contiguo a la tienda de materiales deportivos.
La tarde del martes 27 de enero, la mente de Silva estaba ocupada en definir la alineación de los Tiburones para el campeonato de beisbol de Primera División que iniciaría el 31, cuando en su tienda apareció Yáder García, de 38 años, en busca de un bate marca Maky Ultra II para softbol. Silva le ofreció uno más favorable.
“Yo quiero el más caro, véndamelo”, le dijo García. Pero la negociación se acabó abruptamente cuando el hijo de Hubert, José Gabriel, de 18 años, entró corriendo a la tienda, ubicada contiguo al Cíber Turbo, para decirle a su papá que estaban robando en el negocio. Lo que José Gabriel no dijo era que los delincuentes estaban armados y tenían a todas las personas presentes en el piso.
Silva salió con el bate que tenía en sus manos, pero detrás iba García con otro de softbol. Y penetrando al cíber por la puerta trasera, Hubert logró asestarle un batazo a uno de los asaltantes, botándole la pistola. Pero el otro delincuente disparó dos veces a Silva. Una bala pasó de refilón por su mano izquierda y la otra se le alojó en el abdomen, enviándolo al piso.
EVITA QUE REMATEN A SILVA
García aún no entraba en acción con su bate, pero lo hizo cuando el delincuente se aprestaba a rematar a Silva. Le dio en la cabeza y, a la vez, esquivó varios disparos que le hicieron. Los ladrones huyeron en un taxi, pero García agarró la pistola propiedad de Silva, que uno de sus trabajadores no pudo operar, y tras detener a un motociclista, le dio persecución a los malhechores.
“Me dicen que Yáder le dijo al motociclista, ‘¡Alto, soy policía, tenemos que seguir aquel carro. Acaban de matar a un hermano mío!’ El motorizado, atrapado por los nervios, cumplió la orden y aunque la moto no avanzaba mucho porque además, les disparaban desde el carro, se acercó lo suficiente como para ver la placa, aunque García recibió un disparo en el hombro”, afirma Silva.
Cuando la Policía se enteró del caso, ya García tenía los datos: taxi marca Toyota, color blanco, placas M01-215. Las fuerzas del orden público se dieron a la tarea de buscar el automóvil y esa misma tarde tenían capturados a Evert Salvador Godínez Montiel, de 35 años y a Walter Sánchez Gutiérrez, de 31, quienes fueron remitidos a la Fiscalía.
SILVA PENSÓ QUE MORÍA
Y mientras la Policía resolvía el caso, Silva fue colocado por su hijo en la tina de su camioneta y llevado al hospital. Tras un rápido trámite fue ingresado a la sala de operaciones, donde se le practicó una cirugía exploratoria mediante la cual se determinó que no tenía daños en ningún órgano vital, pero resultó imposible la extracción de la bala.
“Cuando entré al quirófano, uno de los enfermeros le comentó al otro: ‘Aquí viene otro caso tan complicado como ese’, le dijo, mientras apuntaba a otro enfermo, el que delante de mí se fue desvaneciendo y murió. Yo pensé que sería el próximo”, dice Silva mientras las lágrimas asoman a sus ojos.
“A esas alturas estaba como mareado de tanta sangre que había botado, pero recuerdo que atiné a decir: Señor, dame una oportunidad, mis hijas están chiquitas y me necesitan. Tuve un gran miedo. Después desperté al día siguiente cuando la operación había concluido. Siento que Dios me ha dado esa oportunidad y espero estar más tiempo con mi familia”, señala el mentor del Granada.
Silva, de 38 años, es originario de El Arroyo, Nandaime, y rápidamente se ha convertido en uno de los managers más exitosos del beisbol nacional. Es de los más apreciados por los jugadores, quienes, por cierto, han desfilado por el hospital y por su casa en estos días.
“No tengo cómo agradecerle a Dios, a Yáder García, a mi familia y a todas las personas la solidaridad que me han mostrado. Eso que hizo Yáder por mí es increíble. Expuso su vida por mí y me salvó. Fue un ángel enviado por Dios”, expresó Silva.