Cartas al Director

Cartas al Director Poesía “La poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos”. Alfonso Cortés Fue un mes del año 46 del siglo pasado. Estudiaba yo el bachillerato en Managua y ya había leído todo lo que en aquel tiempo se conocía del poeta. Mi padre y el […]

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Poesía

“La poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos”.

Alfonso Cortés

Fue un mes del año 46 del siglo pasado. Estudiaba yo el bachillerato en Managua y ya había leído todo lo que en aquel tiempo se conocía del poeta. Mi padre y el padre de una compañera de colegio nos proporcionaban buena poesía nacional e internacional que nosotras proponíamos para ser recitadas en la veladas escolares, librándonos de las poesías adocenadas que se leen y se recitan en los colegios, al menos en esos lejanos días, en mi provinciana ciudad natal.

Mi amiga decía con pasión “La Balada de la Corza Blanca”, yo la escuchaba devota y soñaba con el poeta loco. Unos amigos que conocían mi fervor por la poesía y por Alfonso Cortés nos propusieron ir en bicicleta al kilómetro 5, donde estaba interno el poeta. Alguno de ellos debió tener cierta influencia ante funcionarios del Hospital Psiquiátrico, porque se nos permitió ver al poeta, no sin antes advertirnos que a ratos se ponía furioso. Y dos enfermeros trajeron hasta mí al dios blanco, disminuido su cuerpo por las privaciones. Una gran cabeza completamente cana, sin la frecuencia del peine, sin el auxilio del peluquero y unos lánguidos ojos azules.

—Poeta, le dije, he soñado con verlo, con hacerle esta visita y él respondió exactamente:

—Es bueno visitar la casa de los grandes hombres… hay una casa en Oxford, hay una casa en Oxford…

A este punto los enfermeros se lo llevaron, no supe porqué. Quizá la repetición de una frase, fuera el preludio de la anunciada furia.

Cuando íbamos de salida un funcionario nos dijo: hay otro poeta aquí, en esa ventana está asomando. Nos detuvimos ante el hueco con barrotes y un hombre rubicundo nos miró uno a uno y gritó dirigiéndose a mí: “Los ojos de mujer más bellos, los ojos de mujer más bellos…” Corrimos al patio donde habíamos dejado las bicicletas y ya pedaleando continuamos oyendo los gritos del otro poeta loco.

Años después supe que el otro encerrado era el poeta Juan José Sacasa, padre de la declamadora Juanita Sacasa, ella también poeta.

Magdalena de Rodríguez

Corrupción

Por todos lados se habla de corrupción y pensamos en los funcionarios públicos, pero la corrupción está en todos los ámbitos, incluso en el deporte. Ya vemos a Ricardo Mayorga, que no quiso pelear, por razones que sólo él sabe. Don King le paga cuando quiere y lo que quiere aprovechando la necesidad de Mayorga. Antonio Margarito fue suspendido por un año por boxear con guantes rellenos de yeso; igual Shane Mosley en años anteriores usó esteroides.

Ahora tenemos a los grandes jonroneros, como Sammy Soza, que rellenó de corcho el bate para jonronear más. Barry Bonds, Mark McGwire, Alex Rodríguez y Rogers Clemens han usado esteroides para obtener mejores resultados; al igual que otros atletas como Ben Johnson. Y los del Dúo Vinny Manilly, que estafaron a medio mundo haciendo que cantaban y no hacían nada. El nadador Michael Phelps, consumiendo droga. El zar de la economía que desapareció 70 mil millones de dólares de sus clientes en EE.UU. Y entonces: ¿dónde están los corruptos? Están en todas partes y formas; unos más y otros menos.

Héctor Danilo Montenegro Escoto

Hambre Cero

El demagógico programa Hambre Cero, de Ortega Saavedra, comienza ya a rendir los primeros frutos amargos de la corrupción, exhibiendo de paso el fracaso más rotundo en cuanto se refiere a mejorar las condiciones de vida de los campesinos nicaragüenses. Este programa fue concebido con fines de promocionar el clientelismo político con vistas a las elecciones municipales de noviembre del 2008 y las generales del 2011.

Ya salió a relucir que son altos cuadros del FSLN los que operan como intermediarios en las compras de las vaquillas y luego se las revenden a los encargados de dicho programa, ganando fortunas de un día para otro. Últimamente también les están dando la oportunidad de tirarse sus buenas comisiones a los dirigentes de los CPC, encareciendo de esta manera el valor de cada semoviente. Las asociaciones de ganaderos ya denunciaron tan lucrativo negocio y la única excusa es echarle la CGR al que denunció la existencia de esa mafia, Gustavo Moreno, ex director del programa.

Ernesto Ruiz Salmerón

Nazismo y comunismo

La única diferencia entre el nazismo y el comunismo es el nombre. Los dos son tiranías totalitarias que manchan de sangre donde quiera que pongan sus manos. Llegan al poder a través del engaño, y se mantienen en el poder con la mentira, la tortura y el asesinato en grandes cantidades. Para ellos el fin justifica los medios, no importa cuáles sean. Los dos son enemigos de la democracia, la justicia, la verdad y todo lo que es bueno y honrado en este mundo. Prometen un futuro que saben que no darán. Lo que sí hacen es llevar el país a las tinieblas acompañado de abuso y miseria nunca visto anteriormente. Cuando Hitler creó su régimen diabólico, él simplemente copió el sistema comunista, tal como se había implantado en la antigua Unión Soviética. La pequeña diferencia es que fue más despacio en la confiscación de la empresa libre, pero el control total de la economía venía después de su victoria en la Segunda Guerra Mundial. Los dos tienen grupos que odian, a los que trataron de aniquilar en masas.

Hitler asesinó tanta gente como Lenin, Stalin más que Hitler y Mao más que Stalin. Sin excepción, todos los tiranos socialistas han sido déspotas y asesinos.

Después de largas investigaciones, historiadores honestos han llegado a la conclusión que el comunismo es responsable de la muerte de más de ciento cincuenta millones de seres humanos en el siglo XX y la cantidad sigue aumentando en el siglo XXI.

Hoy los comunistas se cambian de nombre, pero siguen mintiendo para llegar al poder y establecer sus dictaduras diabólicas. Siguen ofreciendo lo que no van a dar, pues sólo dan abuso, dictadura y miseria. Por desgracia, los pueblos no aprenden por cabeza ajena y pronto se olvidan de la historia. En Europa se está desintegrando el comunismo y por eso van camino a la paz y prosperidad, mientras que la América Latina se está dejando engañar por los comunistas, que ahora llevan otros nombres y siguen con sus promesas falsas, los cuales traerán abuso, miseria y guerra.

En todos los países donde se implantaron los comunistas, que ahora van con otros nombres, esos países terminaron siendo los más pobres y sufridos en sus respectivos continentes. ¡América Latina, despierta!

Ulises Larramendi
Los Ángeles, California

Sanación de un leproso

Un hombre enfermo de lepra se acercó a Jesús, y poniéndose de rodillas le dijo: Si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad. Jesús tuvo compasión de él, lo tocó con la mano y le dijo: Quiero, queda limpio. Al momento se le quitó la lepra y quedó limpio” (Marcos 1; 40-45). Muchos nos resistimos a hacer lo que hizo el leproso ante Jesús: se arrodilló, lo adoró y oró por su enfermedad. Y Jesús no lo rechazó. Jesús no rechaza a nadie que se le acerca. Él anuncia el Reino de Dios y sana todas las enfermedades, porque para eso ha venido. Jesús pide solamente que reconozcamos nuestras enfermedades y la necesidad de Dios, como hizo el leproso del Evangelio. En la sociedad judía el ser leproso era estar muerto en vida, se le excluía de toda participación en la comunidad, la ley de Moisés exigía que fuera desterrado al desierto para evitar el contagio y purgar su “culpa”. Su sanación se miraba como una resurrección. Y eso fue lo que Jesús hizo al tocarlo, le transmitió su pureza y lo reintegró a la sociedad. Jesús vio en aquel hombre no sólo la deformación de su rostro, sino la gran falta de afecto que produce la soledad. Hay tres cosas en el ser humano que nos deforman: la falta de relación con Dios, la falta de relación con los demás y la de relación con uno mismo.

Nos convertimos en leprosos individuales, sociales y religiosos; pues negamos nuestras propias capacidades, nos convertimos en seres egoístas ajenos a la marginación y el sufrimiento de los demás, que nos lleva al quebranto en la confianza y el amor de Dios. No nos dejemos vencer por estas enfermedades, más bien, acerquémonos confiadamente al trono de la Gracia, para que el Señor tenga compasión de nosotros, y en su bondad nos ayude en la hora de nuestras necesidades, como dice la carta a los Hebreos.

Luis Vega Miranda
Presbítero anglicano

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