En medio de la oferta publicitaria hay que definir lo que realmente se necesita
La interrogante de la columna de hoy incita a tantas respuestas como consumidores existan y sobre todo vendedores que nos sobresaturen de los productos que promueven, los cuales hipotéticamente deben ser superiores a los que uno posee.
Para entrar en detalle, analicemos la definición de la palabra consumismo: “Tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios”. Para poner un ejemplo: cuando hay un televisor en casa, lo común es buscar consenso interfamiliar; y observar o bien la novela de preferencia, la serie policíaca, o los dibujos animados, selección que variará dependiendo de la edad de los integrantes de la familia.
Cuando se genera la discrepancia, a veces la respuesta más ¿sencilla?, es la compra de otro(s) televisor(es) y resuelto el ¿problema? Al contrario surgen varios: 1. Aumento de gastos en la energía eléctrica; 2. Se pierde el espacio para platicar problemas de la propia familia, ¿resultados en la escuela, avances en los proyectos del trabajo?, ya que los miembros de la familia se disipan en los diferentes locales donde han sido ubicados los “tele”.
¿Y si fuese un auto, teniendo uno? Nos autoflagelamos, pensando: “… pobrecito, ya dio lo que iba a dar; me deja botado donde quiera; este traste viejo… en fin, 20 pretextos que nos conllevan al uso de la tarjeta de crédito o débito, provocando el endeudamiento a mediano plazo. ¿Y en el caso de los alimentos? Todo dependerá del respeto que tengamos a nuestra propia salud, que aunque se nos haga la “boca agua”, sin importar la edad, porque casi todo en exceso hace daño. ¿Qué dulces?, ¿qué buena fritanga?
Pero, y ¿si consumiéramos un libro, sería lo mismo? Por supuesto, todo depende de la óptica no sólo del consumidor —que en este caso puede ser un estudiante— sino de la necesidad real de compra, producto de la orientación de un docente, ante la materia que imparte, texto que nos permitirá consolidar, ahondar o profundizar lo visto en clase.
Es posible estimado lector, que usted pueda discrepar en parte de lo anterior, incluyendo a los promotores y/o vendedores de lo racional y a veces irracional, pero si bien es cierto que para gusto colores, más vale pensar con serenidad, qué es lo que realmente se necesita.