La violencia se vence con la fuerza del amor

“Pidamos a Dios que la violencia sea vencida por la fuerza del amor, las contraposiciones cedan su lugar a la reconciliación”. (Benedicto XVI) Me decía un amigo que “en Nicaragua han sucedido muchas desgracias, porque a lo largo de nuestra historia sólo en guerra hemos vivido”. Esto me hizo recordar la advertencia de la Santísima […]

“Pidamos a Dios que la violencia sea vencida por la fuerza del amor, las contraposiciones cedan su lugar a la reconciliación”.

(Benedicto XVI)

Me decía un amigo que “en Nicaragua han sucedido muchas desgracias, porque a lo largo de nuestra historia sólo en guerra hemos vivido”. Esto me hizo recordar la advertencia de la Santísima Virgen al vidente Bernardo en Cuapa: “Ustedes han sufrido mucho y seguirán sufriendo si no cambian”.

La Virgen nos pide un cambio hacia el bien, una conversión más exactamente, puesto que si la conversión supone un cambio, no todo cambio supone una conversión. A veces cambiamos la forma, pero no propiamente el fondo. Podemos ser amables, incluso abrazar al enemigo y hacerlo por simple astucia e hipocresía, para hacer que el otro haga lo que a nosotros nos conviene, como un recurso manipulador.

La fuerza del amor se asienta en la firme convicción de que únicamente la búsqueda sincera del bien común puede solucionar los problemas interpersonales, familiares, sociales e incluso internacionales. La paz que se impone gracias al miedo por lo que el enemigo pueda hacer si no cedemos, no es la paz que procede de la fuerza del amor que vence la violencia.

Normalmente las contraposiciones no ceden el lugar a la reconciliación por falta de buena voluntad de una o ambas partes en conflicto.

Es terrible ponerse de acuerdo, firmar pactos solamente “porque no hay más remedio” o bien buscando la conveniencia personal o grupal, como tanto ocurre en Nicaragua, ya que éstos llevan en sí mismos el germen de la violencia.

Actualmente el amor está desprestigiado, porque todo mundo habla de amor; habla de amor el manipulador, el político astuto y falaz y el candidato que busca el voto electoral, el que pretende conquistar engañosamente a la muchacha ingenua que viene del campo en busca de mejor suerte.

Ahora nadie cree en nadie, en lo que decimos, en lo que prometemos, las palabras amorosas han perdido credibilidad. Por lo menos nosotros los cristianos combatamos la violencia con la fuerza de ese amor sincero y liberador que viene de lo Alto, con la fuerza de Dios.

Pidamos luz y buena voluntad para alcanzar la paz y la fuerza de voluntad para agotar todos los medios a dicho fin. Sólo con Dios vence el amor.

Religión y Fe

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