- ¿Es la historia de la política nicaragüense?… no, es un melodrama mexicano
“Qué cabrona más lista eres, si hasta pareces hombre”. Puede acuñar esta frase para el diccionario de expresiones machistas. Es cortesía de una de las autoras más exquisitas e intensas de México; Ángeles Mastretta.
Lástima que la intensidad, que la aclamada escritora imprime en cada línea de sus novelas, fuese apagada a cual fuego con un baldazo de agua en esta simplona adaptación de uno de sus mejores libros, cuyo nombre es prestado de un conocido tango con sabor a tequila. Si quiere sentir la pasión de esta escritora, busque y escuche la canción, (porque el libro va a ser difícil que lo encuentre, a menos que lo rastree fuera del país), porque en la película no la va a encontrar.
En el México postrevolución de principios del siglo pasado, Andrés Asencio (personificado por el español Daniel Giménez Cacho) es un ambicioso militar en ascenso que pone sus ojos en Catalina Gómez (Ana Claudia Talancón) una virginal y bella adolescente que no conoce el mar. Como todo macho mexicano, después de “probar” a Catalina, Asencio decide, sin consultarle a ella ni a su familia, que sea su esposa. Catalina, como ingenua enamorada, no presta importancia a las señales de autoritarismo de su esposo, cuando le advierte en un desayuno de recién casados, que comerá y beberá lo que él diga.
Esta cinta fue creada para convertirse en el primer clásico mexicano del siglo XXI. Pero como épica de amor es de lo que menos tiene. Es una tragedia de desamor contada con la misma pasión que puede encontrarse en una exposición de física cuántica. Insulsa a más no poder, la cinta no es un fraude total gracias al trabajo de Giménez Cacho y Talancón.
Él es la mejor personificación del carismático machista mexicano desde los tiempos de Jorge Negrete y Pedro Infante. Tome nota del acento de Asencio. Suena más mexicano que cualquiera de esos galanes descartables que presentan por docena los enlatados Televisa. Y eso que seguro prefiere la paella a los chilaquiles. Talancón por su parte demuestra que puede enfrentar retos mayúsculos. No es sólo la nueva cara bonita del cine mexicano. También hay talento, y bastante.
Pese a lo desechable que pueda ser, la cinta ofrece un componente extra que resulta particularmente entretenido para el público pinolero. Me refiero a esa sensación de déjà vu al ver el manejo de la política mexicana durante el tiempo que se desarrolla la historia. Pactos, fraudes electorales, impunidad para corruptos, perpetuidad en el poder. No me interesa hacer polémica sobre esto, pero sí confieso que me dio desconsuelo ver que como una ficción ambientada en México hace casi 70 años, es una realidad política actual en nuestro país, y no estoy seguro si es mera coincidencia.