- Entre mazurcas, jamaquellos, sobaqueados y música de marimba las señoras y señores de la tercera edad superan sus dolencias y le dicen ¡sí a la vida!
Hasta el momento la participación de las mujeres en las terapias de folclor es mayor que la de los hombres, por lo cual Irene López les hace un llamado. Los hombres también se ven lindos bailando, tienen expresividad, la danza folclórica nuestra es muy varonil. La danza no se hizo sólo para mujeres, señala.
El curso de danza folclórica para la tercera edad inició el sábado pasado, sin embargo, aún es tiempo para las personas que deseen inscribirse en el Centro Cultural del Folclor y la Danza, ubicado en Bosques de Altamira, del Palí, una cuadra arriba y media al lago.
En la Fundación Universitaria Nicaragüense de la Tercera Edad también hay un coro llamado Voces de la Tarde. Además, emplean su tiempo en prácticas de pintura, elaboración de bisuterías y artesanías. Hay que promover todas las cosas que podemos hacer, porque no por llegar a los 60 años debemos quedarnos en la cama a rezar el rosario o leer la Biblia, claro que debemos hacerlo, pero además podemos hacer muchas cosas, señala Marina López.
[/doap_box]
Hace ocho años Marina López, una de las fundadoras y secretaria de la Fundación Universitaria Nicaragüense de la Tercera Edad, vio a un grupo de señoras en España bailando Can Can, entonces se preguntó: ¿Por qué si ellas lo hacen, nosotros no? Así nació el movimiento folclórico Raíces, dirigido por doña Irene López, quien cuenta con 45 años de experiencia en la enseñanza de la danza.
López rememora que al inicio eran 13 personas y cuando empezaron a bailar lo hicieron sin saber cuáles serían las proyecciones en el futuro. Hoy además del grupo dirigido por Irene López en la filial de la Tercera Edad en la Colonia Centroamérica también cuentan con otro grupo folclórico, ya que en la danza han encontrado más que una forma de divertirse una terapia para mejorar su salud.
Muchas de las personas que estaban en el grupo lo hicieron por recomendaciones del terapeuta, muchos eran operadas de las rodillas, habían tenido fractura en la cadera o problemas de tipo mental; después de integrarse al grupo cambiaron mucho, se dieron cuenta de que sí podían soltarse con flexibilidad y luego a doña Irene se le ocurrió que el grupo podía hacer presentaciones. Nosotras nerviosas comenzamos a bailar, fue sorprendente y poco a poco el grupo se consolidó, señala Marina López, quien tiene 80 años y baila hasta tango.
Irene López señala que cuando empezaron lo hicieron con una metodología y técnicas especiales para personas de la tercera edad, para calentar todos sus músculos y articulaciones sin excederse, ya que se muchas son personas que tienen problemas cardíacos, con los pulmones, de presión, osteoporosis, azúcar, entre otras.
Me sorprendió el desarrollo de cada uno de ellos, el amor con el que trabajan y cómo disfrutan participar en un grupo que les da la oportunidad de proyectarse. Tengo diez adultos mayores que bailan en la obra de El Gran Pícaro y en Los Hijos del Maíz, junto a los jóvenes, señala la maestra de la danza Irene López.
Entre los beneficios que los integrantes del grupo han encontrado al bailar folclor son seguridad, alta autoestima, mayor captación y coordinación. Irene López cuenta que algunas de sus alumnas temían hacer el ridículo bailando folclor, sin embargo, ella es una prueba de que no importa la edad para bailar, ya que tiene 63 años y todavía imparte clases y disfruta del folclor sin sentirse ridícula.
Además de las clases teóricas, también se les dan clases prácticas, coreografías… Esto les abre un mundo diferente y les eleva su autoestima, señala la maestra de la danza.
Bailar es vivir
Para Marina López lo bonito del folclor es que no sólo se aprende a bailar, sino que también se adquieren conocimientos sobre la historia de cada pieza.
Cuando bailo soy otra, uno se apropia del papel, uno debe sentir lo que está haciendo y olvidarse de que tiene un público, uno se da cuenta hasta que están los aplausos, eso le da vida a uno, señala Marina.
López comparte el caso ejemplar de una de sus alumnas, que a los 30 años estuvo en coma y al recuperarse le costaba concentrarse. Cuando vino le era difícil seguir las instrucciones, pero hoy hace presentaciones con el grupo sin ningún problema, la danza le ha dado la segunda oportunidad de su vida, afirma.
Según López, bailar es una terapia maravillosa que la hace sentir contenta y hace que el adulto mayor se sienta como una persona con capacidades que creía que no poseer. A la hora de bailar se olvida la edad y de la artritis, sonríe Marina.
Irene afirma que las personas que tienen artritis no tienen ningún impedimento para bailar, al contrario puede superar sus problemas con los ejercicios y la danza, ya que trabaja mucho piernas, rodillas y empeines.
Además, agrega que la persona debe ir a su ritmo, cuando se sientan cansados deben sentarse, pero cuando llevan unas ocho lecciones ya hacen la práctica completa y nadie se queda sentado.
En cuanto a qué tipo de ritmos pueden bailar, López señala que no hay restricciones, incluso pueden bailar El Güegüense, ya que los movimientos de éste no son tan fuertes como lo hacen algunos grupos folclóricos en la actualidad.