Adolfo Waterhouse
¿Es necesaria una red wi-fi dentro del auto o la camioneta?, ¿tenerla convierte mi vehículo en uno on the edge, o sea, con toda la onda? Que estas preguntas hayan sido plausibles e, incluso, consideradas relevantes hasta hace tres meses, muestra por qué la industria automovilística de Detroit se encuentra “técnicamente” extinguida.
Que fuesen los tecno-accesorios como las pantallas de GPS o el tamaño de los vehículos los cambios más visibles en los modelos de la última década es señal de la incomprensión de las compañías estadounidenses respecto de qué es la innovación tecnológica.
La gente no quiere un auto con un iPod. Quiere un auto que sea el iPod de los autos. A esto apuntó días atrás el columnista del New York Times, Thomas L. Friedman, al argüir que un eventual paquete de rescate de General Motors, Chrysler y Ford debía obligar —como contrapartida— la contratación ad honorem de Steve Jobs como CEO de emergencia.
A algunos les parecerá una crítica envuelta como chiste, pero no lo es. Se trató de un pedido real. Michael Cusumano, profesor de Gerenciamiento en la MIT Sloan School of Management, dijo: “Mi peor miedo es que los fabricantes de autos de EE.UU., tienen un problema muy grande para atraer talento. Y esto les será muy difícil de superar”. En las pasadas dos décadas, recordó, los mejores estudiantes del MIT en ingeniería y managment se han ido a Google, Intel, Cisco. Incluso a Amazon y HewlettPackard. No a Ford. Lo mismo no ocurre en Europa o Asia.
¿Por qué? Entre otras razones, porque en un mundo con cientos de millones de nuevos usuarios asiáticos y con problemas ambientales y de costos energéticos agudos, el auto es una máquina que debe ser reinventada.
Es lo que están tratando de hacer, en Brasil, el economista y máster en ingeniería Renato Cesar Pompeu y el ingeniero mecánico Carlos Eduardo Momblanch. Ellos han diseñado el Pompeo. Un prototipo para dos personas de apenas 380 kilos de peso. ¿La innovación? Quitarle una rueda trasera y usar un motor de motocicleta. Una locura. En efecto, igual que un reproductor de música portátil sin parlantes con todas las funciones manipulables mediante una tecla-rueda única.
En un mercado que vende algo más de un millón de motocicletas por año, un cuasi auto que dará 25 km/litro (contra 10 km/litro de su equivalente en cuatro ruedas) tiene mucho sentido para quien quiere un auto que haga bien lo que los autos hacen: mover a la gente de un lugar para otro de manera rápida y sustentable.
El brasileño-libanés Carlos Ghosn, CEO de Nissan y Renault, hace un tiempo anunció que el futuro de los autos será el de “los autos que se enchufan” (cars with cords).
Un ejemplo que causa esperanza es el iMiEV de Mitsubishi. Comenzará a venderse en Japón el año que viene: se carga en seis horas en una red de 220. Con más de 60 CV su autonomía es de 100 kilómetros. Es un auto intraciudad, pero anuncia algo nuevo: más que velocidades, en su caso hay que hablar de “modos”.
La velocidad/modo B optimiza los frenos y la velocidad para que su energía cinética expanda al máximo la vida de la batería. El iPod para música lo agrega el conductor.