Los beneficios de la gratitud

“Quien sabe agradecer, como el samaritano curado, demuestra que no considera todo como algo debido, sino como un don que, incluso cuando llega a través de los hombres o de la naturaleza, proviene en definitiva de Dios”. (Benedicto XVI) La gratitud para con Dios y el prójimo fue una de las muchas cualidades humanas y […]

“Quien sabe agradecer, como el samaritano curado, demuestra que no considera todo como algo debido, sino como un don que, incluso cuando llega a través de los hombres o de la naturaleza, proviene en definitiva de Dios”.

(Benedicto XVI)

La gratitud para con Dios y el prójimo fue una de las muchas cualidades humanas y cristianas de mi amada madre. “Acuéstense dando gracias a Dios”, era la exhortación que cada noche dirigía a sus hijos. Y si es con la gente, su gratitud, que de alguna manera expresaba o materializaba, tampoco caducaba jamás.

Una de las quejas más frecuentes de los seres humanos está precisamente relacionada con la ingratitud de nuestros semejantes. “Ni las gracias me rindió…”, expresamos molestos cuando nuestra ayuda o servicio no es correspondido ni con un: “¡Muchas gracias!”.

Saber agradecer implica la práctica de otras cualidades. El agradecido es, en primer lugar, humilde. No piensa que lo que recibe es porque se lo merece.

El agradecido valora a la persona de quien recibe algún bien, lo que guarda en su corazón.

El agradecido descubre el amor de Dios en el amor, el servicio o el regalo recibido, todo lo acoge como venido de las manos bondadosas del Padre que nos ama por puro gusto.

Me hace gozar saber que Dios me ama por puro gusto. Quien nos ama por puro gusto es quien mejor nos ama… Y exactamente de este tipo es el amor que Dios nos profesa, un amor gratuito.

Descubrir que poseemos muchas y poderosas razones para ser agradecidos con Dios y con nuestros semejantes, es arrancar uno de sus secretos a la felicidad. Escribamos al azar una lista de gracias, dones y beneficios que el Señor, directamente o por medio de otros, nos ha otorgado y nos daremos cuenta de que sobran razones para darle gracias y que en esta vida tenemos muchos más motivos para permanecer alegres y sonreír que para estar tristes y echarnos a morir.

La práctica de la gratitud nos lleva a cambiar nuestra visión de la vida, resultando mejores personas y cristianos de mayor calidad. ¡Probarlo es comprobarlo! Ser agradecido es aportar a la paz.

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