Tomado de Diario Hoy/El Salvador
Apesar de que él mismo acepta que no pensó quedarse en el país cuando vino, Cirilo Errington encontró el amor en Isabel Méndez, con quien se casó hace 30 años y procreó dos hijas, e hizo de El Salvador su país.
Actualmente trabaja en la Federación Salvadoreña de Beisbol, en la comisión de arbitraje y, eventualmente, colabora con las categorías infantiles del Complejo Bengoa, ubicado a un costado del parque de pelota Saturnino Bengoa Urrutia. Su retiro de las canchas “no es total”, como asegura, pero un problema de columna le impide transmitir sus valiosas enseñanzas a las nuevas generaciones de beisbolistas.
“Después de 40 años, todavía podemos aportarle algo al beisbol”, dice un melancólico Cirilo, sentado en la sala de las oficinas federativas, en su nueva cancha.
Tras 40 años en El Salvador, específicamente en el beisbol, el lanzador agradece a Carlos “Pato” Calderón, Jorge Elías Bahaia y a Mauricio Loucel su ayuda en los momentos difíciles.
Nicaragüense de nacimiento, salvadoreño por adopción, Ciryl Errington Díaz, Cirilo para el beisbol nacional, es, quizás, el último caudillo de la pelota salvadoreña. Representante sin objeción de la última generación dorada del beisbol cuscatleco.
Don Salvador Gadala María lo trajo un 7 de diciembre de 1968 para reforzar a su equipo, Sacos Cuscatlán, y el espigado moreno nacido en Bonanza, Nicaragua, hizo de El Salvador su patria.
El “más lindo recuerdo” para Cirilo en el beisbol salvadoreño es la medalla de oro de oro lograda por primera vez en unos Juegos Centroamericanos. Fue en 1990, en Honduras, y se la ganó nada menos que a su natal Nicaragua: después de una excelente actuación del lanzador salvadoreño Aurelio Villalta, Cirilo entró a relevarlo en los episodios finales.
Cirilo se quedó en El Salvador para engrandecer al beisbol nacional. Por la pelota perdió su nombre original, pero ganó el cariño de todo un país que lo acogió como un hijo más, incluso ahora, a sus 62 años. Lleva el beisbol en la sangre.