Hace unos 22 años, el torpedero titular de los Leones del Caracas en la Liga de Venezuela, era Héctor Rincones, quien destacaba por su habilidad defensiva y velocidad, aunque su falta de consistencia al bate le impidió llegar a las Mayores.
Rincones tenía buenas manos. A menudo impresionaba con sus jugadas y era reconocido por todos sus compañeros como un factor de seguridad en las paradas cortas, pero había un chavalo entre ellos, que siempre esperaba más de su desempeño con el guante.
“A esa bola que se te fue, yo le habría llegado”… “Si me ponen a jugar, nosotros haríamos más doble plays”, decía el joven, con una sonrisita que no irritaba a Rincones, mientras golpeaba la canasta del guante con su puño. Era Omar Vizquel.
Y así fue. Luego de tres años viendo jugar a Héctor, a Vizquel le llegó su turno en 1987-88 y tras actuar en 58 juegos, resumió .332 en su promedio, con increíbles jugadas que presagiaban el brillante futuro que alcanzó más tarde en las Mayores.
Vizquel, de 41 años, es ahora veterano de 20 temporadas en las Grandes Ligas, con un historial que lo debe llevar al Salón de la Fama. Y los Rangers de Texas, que lo han firmado, desean que toda esa experiencia los ayude a mejorar su defensa interior.
A este ganador de once Guantes de Oro —sólo superado por los 13 de Ozzie Smith entre los shortstops—, lo necesitan como respaldo en el infield pero sobre todo para que ayude a mejorar al prospecto Elvis Andrus, el nuevo torpedero de Texas.
Andrus nunca ha jugado más allá de Doble A, pero el equipo de Texas confía tanto en él, que han movido a Michael Young a la tercera para abrirle lugar. Así que Vizquel debe ayudar en su pulimento este año.
Sin embargo, no se puede descartar la posibilidad de ver a Vizquel mostrando parte de la magia que ha exhibido a través de su carrera, la que no necesita de más para obtener un ticket de entrada a Cooperstown.