- Poca profundidad del sismo causó daños mayores cerca del epicentro
En el poblado de Cinchona de Alajuela, al norte de la capital costarricense, parece que el tiempo se detuvo. Las casas están destruidas, las calles desaparecieron y los sobrevivientes huyeron caminando hundidos en el barro entre cerros y plantaciones hasta un sitio donde los auxiliaran.
En este lugar fueron recuperados ayer tres cuerpos donde antes operaba un pequeño restaurante. Se teme que en el sitio murieron sepultadas unas seis personas, dijo a la AP el vocero de Cruz Roja, Freddy Román.
Entre los restos está un menor de 11 años, así como dos hombres adultos, detalló Román, al destacar que unas 1,378 personas se encuentran en 11 albergues y al menos 45 están aún aisladas y atrapadas en zonas de difícil acceso.
“Esto es muy duro. Dios se lo llevó, pero esperamos recuperar el cuerpo para darle sepultura”, dijo a periodistas José Zamora, quien esperaba para verificar si alguno de los restos corresponde al de su hermano Francisco, quien se encontraba en el local.
Los expertos consideran que la profundidad del sismo de apenas seis kilómetros motivó que fuera sentido con más fuerza y provocara más daños, algo visible en Cinchona y en otros asentamientos ubicados en los alrededores del volcán, como Vara Blanca, donde se encuentra la famosa cascada La Paz.
En ese lugar los socorristas recuperaron tres cuerpos la víspera. Pero imágenes de la televisión mostraban gran cantidad de restos de vehículos, destrozados y lanzados al vacío por la fuerza del agua y la montaña que se vino abajo.
POCAS ESPERANZAS
La esperanza de encontrar más personas con vida es poca. Román confirmó que cuadrillas de búsqueda y rescate trabajaban en la recuperación de más cuerpos en el pequeño restaurante.
De pie, en medio de lo que quedó de su casa en Vara Blanca, Juan Bautista Quesada, de 66 años, relató a la AP que al momento del sismo estaba dentro de la vivienda.
“La tierra se movió tan duro que no podía sostenerme. La casa se movió como una hamaca y hasta que pasó todo fue que me di cuenta de que había sangre en el piso… noté que tenía heridas en la cabeza y el hombro porque el techo me había caído encima”, contó mientras miraba lo que quedó de su hogar.
ZOO ILESO
Pero la furia del terremoto no pudo con las vitrinas del serpentario de los Jardines de las Cataratas, donde ranas, monos, aves y mariposas siguen impávidos en sus jaulas.
“Ni siquiera hay reventazones (grietas)” en las urnas de cristal que encierran a estos reptiles, aseguró el gerente del complejo turístico, Roy Torres. “¡Ha sido un milagro!”, concluyó.
El serpentario, que al igual que el resto de los edificios y atracciones está cerrado a cal y canto, alberga 28 especies de serpientes, algunas tan peligrosas como la coral, la terciopelo, la “matabuey” o la “manodepiedra”, explica a la AFP Eduber Alfaro, uno de los pocos guías que permanecen en el hotel.
Sólo un par de monos araña salieron de su jaula, que permanece abierta, pero volvieron porque ahí tienen comida.
En la calurosa mañana del sábado, se regodeaban al sol encima de la malla que hasta hace dos días era su casa, mientras las bellas mariposas morfo revoloteaban por los jardines del parque.
También siguen impávidas a cuanto les rodea las 160 aves, de 60 especies, del zoo. “Ayer (viernes) se las alimentó”, explicó este joven guía de 23 años, que se encontraba en el lugar en el momento del terremoto.
ANIMALES “AVISARON”
Alfaro relató que segundos antes de la sacudida, las aves de esta inmensa jaula, tan alta como un edificio de dos plantas, empezaron a volar despavoridas, mientras que los monos enloquecieron. “Fue aterrador”, explicó el joven.
Después vino lo peor: “La sacudida nos elevó medio metro por encima del suelo y todos aparecimos caídos por el piso”, explicó el guía frente a unos colibríes que volaban de flor en flor, en medio de la extraña calma de este lugar exuberante habitualmente lleno de gente.