El vandalismo contra las microfinancieras de Ocotal, en julio pasado, fue promovido por Ortega cuando habló en esa ciudad. (LA PRENSA/ ARCHIVO/ CORTESIA)

Ortega, conflictivo e irreconciliable

Las palabras del presidente Daniel Ortega no abonan a la unidad ni a la reconciliación que él prometió dos años atrás en su campaña electoral. El gobernante que antes pedía “una oportunidad para gobernar en paz” ahora, por el contrario, abusa de las palabras “traición”, “conspiración” y “enemigos”. En el 2008 Ortega cultivó en el […]

  • Las palabras del presidente Daniel Ortega no abonan a la unidad ni a la reconciliación que él prometió dos años atrás en su campaña electoral. El gobernante que antes pedía “una oportunidad para gobernar en paz” ahora, por el contrario, abusa de las palabras “traición”, “conspiración” y “enemigos”. En el 2008 Ortega cultivó en el país la desunión y el conflicto
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La mayoría de los nicaragüenses estima que luego de dos años del Gobierno de Daniel Ortega, el país va hacia la desunión y el conflicto y no hacia la unidad y la reconciliación que el mandatario prometió en su campaña electoral del 2006.

La encuesta sobre la percepción ciudadana acerca de la gestión de Ortega presentada por M&R Consultores a mediados de diciembre, revela que el 51.8 por ciento de los nicaragüenses considera que el mandatario sandinista conduce al país hacia la desunión y el conflicto; mientras el 40.8 por ciento cree éste sí abona a la unidad y la reconciliación.

Durante su campaña, Ortega rogó a Dios, literalmente, que los nicaragüenses le dieran una oportunidad para gobernar en paz, porque a su juicio la guerra contrarrevolucionaria durante su primer Gobierno en la década de los ochenta le impidió desarrollar el país “como el FSLN hubiera querido”.

A principios de esta nueva administración, el 40.5 por ciento de los nicaragüenses creía que Ortega cumplía con una de sus principales promesas de campaña. Un dato cercano al 40.8 por ciento que logra ahora.

Pero la nota que Ortega sí “mejoró” entre el principio de su mandato y la fecha, es la del desencanto, pues el 51.8 por ciento que ahora avizora la desunión y el conflicto antes era del 48.5 por ciento.

El presidente Daniel Ortega recibió las peores calificaciones hacia su Gobierno en el 2008.

El gerente general de la firma encuestadora, Raúl Obregón, cuando explicó los resultados de la encuesta a LA PRENSA, dijo que entre sus 12 y 16 meses de Gobierno, Ortega alcanzó las calificaciones más bajas de su gestión.

Entonces, el 56.2 por ciento de los nicaragüenses llegó a estimar que a doce meses de Gobierno, Ortega dirigía el país hacia la desunión y el conflicto y esa percepción aumentó hasta el 70.11 por ciento cuando el mandatario cumplió 16 meses en el poder.

Obregón explicó que las bajas calificaciones del mandatario obedecen a que en ese período Ortega reportó una pérdida de su capital político del seis al ocho por ciento del 38 por ciento que lo regresó al poder luego de tres derrotas electorales desde 1990. Pero ese capital lo logró recuperar hacia finales del año, cuando el Gobierno realizó una campaña de donaciones a sus partidarios y algunos sectores de la población.

Efectivamente, la encuesta reporta que a doce meses del Gobierno de Ortega sólo el 20.8 por ciento de los nicaragüenses coincidía en que éste conducía el país hacia la unidad y la reconciliación. Un porcentaje que aumentó hasta el 40.8 por ciento a los 24 meses de la Administración rojinegra.

¿Quién es quién en la cabeza de Daniel Ortega?

El presidente Daniel Ortega es recurrente en su discurso confrontativo. Una y otra vez, de uno a otro discurso, defiende su Administración con descalificativos para aquellos que lo critican.

Si uno se pregunta quién es quién para el mandatario que no convoca a conferencias de prensa ni concede entrevistas, en sus discursos encuentra las respuestas, con definiciones siempre plagadas de aguijones. Para muestra, presentamos algunas definiciones dichas por Ortega en sus discursos y recopiladas por LA PRENSA.

¿Hay una dictadura en Nicaragua? “Hay dictadura porque el pueblo está en el poder; dictadura porque estamos organizando el poder ciudadano; dictadura porque estamos organizando los gabinetes del poder ciudadano. Eso, para ellos (la oposición) es dictadura; para ellos es inadmisible que los pobres sean los dueños del poder”.

¿Por qué lo critica la oposición? “Nos critican porque llegamos al Gobierno no para servirle a los oligarcas y a los vendepatria… si nosotros les sirviéramos a ellos, todos los días nos alabarían a través de los medios de comunicación”.

¿Qué piensa del rol de la oposición en el país? “Por mucho que ellos lancen sus campañas, por mucho que reciban financiamiento de los yanquis, de la Comunidad Europea, para desarrollar sus movimientos políticos desestabilizadores, que están dirigidos a generar inestabilidad, ingobernabilidad, yo les digo a los yanquis, a los europeos: están gastando pólvora en zopilotes, porque este pueblo no se está dejando confundir”.

¿Y sobre los simpatizantes del Frente Sandinista? “Son la única y verdadera sociedad civil, constructores del presente y del futuro, ejército defensor de la soberanía nacional. Ésta es la sociedad civil y no esa que nos quieren inventar los oligarcas y los vendepatria para arrebatarle las conquistas al pueblo”.

¿Qué es el Poder Ciudadano? “El Poder Ciudadano es el proyecto del pueblo. Al otro lado está el proyecto de la oligarquía y del imperio (…) El Poder Ciudadano será el primer Poder de la Nación. Ya no será la Asamblea, ya no serán los diputados, ya no será el Presidente… Será el pueblo organizado el Primer Poder de la Nación”.

¿Qué son los gobiernos de los 16 años anteriores al segundo mandato del FSLN? “Eso es lo que ellos llaman ‘democracia’. Pero eso no es ninguna democracia, eso es una dictadura, es una tiranía”. (Matagalpa, 11 de julio). “No solamente le robaron al pueblo estos 600 millones de dólares, sino que le habían robado al pueblo el derecho a la salud, el derecho a la educación, a la cultura y ahora, el pueblo está recuperando ese derecho”.

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    ¿Y que opina de la cobertura mediática no oficialista? “Si estuviéramos al servicio de los ricos yo les aseguro que esos medios de comunicación, que están al servicio de los grandes capitales, sólo alabanzas nos darían. Dirían: ¡Qué demócrata es Daniel! ¡Qué bueno que es Daniel! (…) Les arde que Daniel está con los pobres (…) Las campañas han sido terribles (…) Dicen que el pueblo no tiene derecho, según ellos, solamente los grandotes tienen derecho, el pueblo no lo tiene”.

    Silencio post electoral

    El presidente Daniel Ortega desapareció de la esfera pública durante doce días luego de ejercer su derecho al voto el 9 de noviembre. Antes de los comicios había presidido más de media docena de actos políticos para entregar títulos de propiedad, casas y cocinas. Mientras el FLSN y la oposición se enfrentaban en las calles por los cuestionados resultados electorales, Ortega no se dirigió al país.

    Dice un proverbio suizo que las palabras son como las abejas: tienen miel y aguijón. Si aplicamos ese enunciado al discurso del presidente Daniel Ortega durante el año que concluyó, es claro que el mandatario provocó con sus palabras más piquetes que dulzura.

    A dos años de ésta que es su segunda vez en el poder (tras tres derrotas electorales, luego de perder el que ostentó en la década de los ochenta), Ortega gobierna un país dividido por las posiciones políticas que él alimenta con constantes referencias a la lucha de clases.

    Oligarcas, vendepatria, peleles del imperio, traidores, ladrones, corruptos, sinvergüenzas y terroristas, son algunos de los descalificativos más frecuentes a los que recurrió el presidente Ortega para referirse a quienes le adversan políticamente, y todo a pesar de que dos años atrás, en su toma de posesión, prometía dirigir un Gobierno de “unidad y reconciliación”.

    La miel en el discurso del Presidente acabó cuando el que hasta entonces fue el candidato conciliador celebró su proclamación de electo, en noviembre del 2006, pues esa fue la última vez que se le escuchó decir en público que estábamos “en paz, unidad y reconciliación” y pedía a sus electores que no hubiera ninguna ofensa ni burla en contra de los que no votaron por el Frente Sandinista, que en ese caso suman el 62 por ciento que votó por cualquiera de los otros cuatro candidatos.

    Después de aquel mes, en el discurso de Ortega sólo quedaron aguijones, desde las tarimas enfloradas impuestas en el protocolo oficial por la primera dama, Rosario Murillo.

    En el 2008, los aguijones de Ortega proliferaron en la víspera de la celebración del vigésimo noveno aniversario de la revolución armada que derrocó a la dictadura somocista en julio de 1979. Entonces el mandatario también enfrentaba las primeras protestas de la oposición, fortalecida en las calles, tras la huelga de hambre que a mediados de junio mantuvo por catorce días la ex guerrillera y disidente del FSLN, Dora María Téllez.

    “MÁS LES VALE NO PROVOCAR”, ADVIRTIÓ

    El 5 de julio desde una tarima colorida en los alrededores del Mercado Roberto Huembes, de Managua, Ortega dijo ante centenares de simpatizantes sandinistas concentrados —pero sobre todo para que lo oyera la oposición— que a éstos “más les vale no estar provocando al pueblo, porque este poder (su Gobierno) es del pueblo y este poder es sandinista”, advirtió.

    Y agregó: “si ellos (la oposición) intentan derribar esto que ellos llaman ‘la dictadura’, que no es más que el poder del pueblo, el poder de los pobres, se van a encontrar nuevamente con la insurrección del pueblo, con la insurrección de las masas, con la insurrección de los pobres”.

    En ese mes, Ortega impuso un récord de más de una docena de intervenciones hechas en la capital, las cabeceras departamentales del Pacífico, Norte y centro del país y hasta en Maracaibo, Venezuela —en una visita a su homólogo Hugo Chávez.

    A Ortega le sobraron las oportunidades para “pinchar” a los “enemigos del pueblo”, como él llama a quienes le critican, sean éstos políticos, medios de comunicación, miembros y organismos de la sociedad civil, diplomáticos residentes, líderes internacionales o gobernantes de otras naciones que cooperan con el país, como fue el caso de la Comisión Europea y los Estados Unidos, que congelaron un total de 109 millones de dólares en concepto de desembolsos para apoyo presupuestario y fondos de la Cuenta Reto del Milenio, respectivamente, tras las denuncias del fraude cometido en las elecciones municipales del pasado noviembre, para beneficiar al partido de Gobierno.

    Cuando la oposición se asomó a las calles en junio, el Presidente se apresuró a advertir a sus partidarios, como secretario general del Frente Sandinista que aún es, que el partido “no debe dejarse quitar las calles” y la violencia tampoco demoró.

    Pero los primeros enfrentamientos del año ocurrieron a mediados de julio en Jalapa, Nueva Segovia, cuando clientes morosos de microfinancieras se tomaron las instalaciones de dos sucursales de esas empresas en el municipio y al día siguiente intentaron quemar las instalaciones de una de ellas, luego que Ortega se refiriera a las microfinancieras como “usureros” y animara a los morosos a protestar contra éstas para que aceptaran renegociaciones de deudas.

    Luego fueron los piquetes sandinistas, mimetizados en los “rezadores contra el odio” instalados en las rotondas de la capital, con el patrocinio de los progubernamentales Consejos del Poder Ciudadano (CPC), que intentaron boicotear cada una de las marchas de la oposición.

    En noviembre, finalmente lograron reducir una marcha opositora a sólo un intento, cuando centenares de ciudadanos pretendieron caminar desde la Carretera a Masaya hacia la Asamblea Nacional para reclamar por el fraude cometido en las elecciones municipales y exigir un recuento de votos, pero fueron sitiados por simpatizantes sandinistas y empleados públicos y pandilleros convocados por el partido de Gobierno.

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