- Las palabras del presidente Daniel Ortega no abonan a la unidad ni a la reconciliación que él prometió dos años atrás en su campaña electoral. El gobernante que antes pedía “una oportunidad para gobernar en paz” ahora, por el contrario, abusa de las palabras “traición”, “conspiración” y “enemigos”. En el 2008 Ortega cultivó en el país la desunión y el conflicto
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Ver Infografia > Dice un proverbio suizo que las palabras son como las abejas: tienen miel y aguijón. Si aplicamos ese enunciado al discurso del presidente Daniel Ortega durante el año que concluyó, es claro que el mandatario provocó con sus palabras más piquetes que dulzura.
A dos años de ésta que es su segunda vez en el poder (tras tres derrotas electorales, luego de perder el que ostentó en la década de los ochenta), Ortega gobierna un país dividido por las posiciones políticas que él alimenta con constantes referencias a la lucha de clases.
Oligarcas, vendepatria, peleles del imperio, traidores, ladrones, corruptos, sinvergüenzas y terroristas, son algunos de los descalificativos más frecuentes a los que recurrió el presidente Ortega para referirse a quienes le adversan políticamente, y todo a pesar de que dos años atrás, en su toma de posesión, prometía dirigir un Gobierno de “unidad y reconciliación”.
La miel en el discurso del Presidente acabó cuando el que hasta entonces fue el candidato conciliador celebró su proclamación de electo, en noviembre del 2006, pues esa fue la última vez que se le escuchó decir en público que estábamos “en paz, unidad y reconciliación” y pedía a sus electores que no hubiera ninguna ofensa ni burla en contra de los que no votaron por el Frente Sandinista, que en ese caso suman el 62 por ciento que votó por cualquiera de los otros cuatro candidatos.
Después de aquel mes, en el discurso de Ortega sólo quedaron aguijones, desde las tarimas enfloradas impuestas en el protocolo oficial por la primera dama, Rosario Murillo.
En el 2008, los aguijones de Ortega proliferaron en la víspera de la celebración del vigésimo noveno aniversario de la revolución armada que derrocó a la dictadura somocista en julio de 1979. Entonces el mandatario también enfrentaba las primeras protestas de la oposición, fortalecida en las calles, tras la huelga de hambre que a mediados de junio mantuvo por catorce días la ex guerrillera y disidente del FSLN, Dora María Téllez.
“MÁS LES VALE NO PROVOCAR”, ADVIRTIÓ
El 5 de julio desde una tarima colorida en los alrededores del Mercado Roberto Huembes, de Managua, Ortega dijo ante centenares de simpatizantes sandinistas concentrados —pero sobre todo para que lo oyera la oposición— que a éstos “más les vale no estar provocando al pueblo, porque este poder (su Gobierno) es del pueblo y este poder es sandinista”, advirtió.
Y agregó: “si ellos (la oposición) intentan derribar esto que ellos llaman ‘la dictadura’, que no es más que el poder del pueblo, el poder de los pobres, se van a encontrar nuevamente con la insurrección del pueblo, con la insurrección de las masas, con la insurrección de los pobres”.
En ese mes, Ortega impuso un récord de más de una docena de intervenciones hechas en la capital, las cabeceras departamentales del Pacífico, Norte y centro del país y hasta en Maracaibo, Venezuela —en una visita a su homólogo Hugo Chávez.
A Ortega le sobraron las oportunidades para “pinchar” a los “enemigos del pueblo”, como él llama a quienes le critican, sean éstos políticos, medios de comunicación, miembros y organismos de la sociedad civil, diplomáticos residentes, líderes internacionales o gobernantes de otras naciones que cooperan con el país, como fue el caso de la Comisión Europea y los Estados Unidos, que congelaron un total de 109 millones de dólares en concepto de desembolsos para apoyo presupuestario y fondos de la Cuenta Reto del Milenio, respectivamente, tras las denuncias del fraude cometido en las elecciones municipales del pasado noviembre, para beneficiar al partido de Gobierno.
Cuando la oposición se asomó a las calles en junio, el Presidente se apresuró a advertir a sus partidarios, como secretario general del Frente Sandinista que aún es, que el partido “no debe dejarse quitar las calles” y la violencia tampoco demoró.
Pero los primeros enfrentamientos del año ocurrieron a mediados de julio en Jalapa, Nueva Segovia, cuando clientes morosos de microfinancieras se tomaron las instalaciones de dos sucursales de esas empresas en el municipio y al día siguiente intentaron quemar las instalaciones de una de ellas, luego que Ortega se refiriera a las microfinancieras como “usureros” y animara a los morosos a protestar contra éstas para que aceptaran renegociaciones de deudas.
Luego fueron los piquetes sandinistas, mimetizados en los “rezadores contra el odio” instalados en las rotondas de la capital, con el patrocinio de los progubernamentales Consejos del Poder Ciudadano (CPC), que intentaron boicotear cada una de las marchas de la oposición.
En noviembre, finalmente lograron reducir una marcha opositora a sólo un intento, cuando centenares de ciudadanos pretendieron caminar desde la Carretera a Masaya hacia la Asamblea Nacional para reclamar por el fraude cometido en las elecciones municipales y exigir un recuento de votos, pero fueron sitiados por simpatizantes sandinistas y empleados públicos y pandilleros convocados por el partido de Gobierno.