Josh Hamilton logró un gran rendimiento en la alineación de los Vigilantes de Texas, a pesar de serios problemas de adicción que enfrentó en años recientes. (LA PRENSA/AP/ARCHIVO)

¿Es real?

Artillero de Texas fue lo mejor de la temporada del 2008 en las Grandes Ligas [doap_box title=»La mejor historia» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] En cuanto a historias individuales, la de Josh Hamilton fue la mejor del 2008. Hacer lo que él hizo en dos años, lo que logró tanto mental como físicamente, es algo realmente asombroso. Lo […]

  • Artillero de Texas fue lo mejor de la temporada del 2008 en las Grandes Ligas
[doap_box title=»La mejor historia» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

En cuanto a historias individuales, la de Josh Hamilton fue la mejor del 2008.

Hacer lo que él hizo en dos años, lo que logró tanto mental como físicamente, es algo realmente asombroso.

Lo que ha logrado Rick Ankiel, después de años de dificultades tanto físicas como mentales, y convertirse en un jugador de nivel estelar es algo verdaderamente sobresaliente, como ha sido ver a Ryan Ludwick conectar 37 jonrones y conseguir un porcentaje de bateo con gente en base más slugging de .966, después de haber sufrido graves lesiones.

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Josh Hamilton

TOMADO DE ESPN

Hoy, hablaremos del pasado. Mañana, pensaremos en el futuro. En la noche del 16 de julio, el presidente George W. Bush fue el anfitrión de una cena en la que hicieron honor al beisbol. Fue una noche de festejos en la que, antes de concluir, Kevin Millar firmó como reserva de Kenny Chesney en el Rose Garden bajo una luna gloriosa.

Durante la cena, Bush preguntó, “¿Josh Hamilton es real?”

El Presidente agregó que Hamilton era de hecho muy real y que después de su desempeño en el Home Run Derby el 14 de julio, Hamilton había pedido el numero del celular del jugador de los Marlins, Jeff Allison, quien había peleado con sus propios demonios para llegar al Juego de las Estrellas de Florida State. Hamilton quería ver si era capaz de ayudar a Allison en su lucha.

“Deberíamos convertir a Josh Hamilton en un símbolo de lo que son capaces de superar los jóvenes en este país”, agregó Bush.

Todos, quizá con la excepción de Sarah Palin y del reverendo Jeremiah Wright, saben que el Presidente saliente sabe mucho de beisbol. Este verano, cuando salía de una reunión privada con la familia de Tim Russert durante el velorio de este último —un gran periodista—, Bush se dirigió a uno de los amigos más queridos de Russert, Mike Barnicle, y dijo “¿Has visto lo que Chase Utley hizo anoche? ¡Qué jugador genial!”

En dos momentos privados, Bush habló sobre lo que hizo que la temporada que terminó sea especial. No preguntó acerca del Informe Mitchell, o si los Yanquis les iban a pagar a tres agentes libres más de lo que el gobierno federal le dio a General Motors, o acerca de las acciones de Manny, o sobre la relación entre A-Rod y Madonna.

El Presidente dejó claro que entendía lo difícil que es ser joven en la sociedad de hoy en día, y que el hecho de que Hamilton se haya perdido cerca de cuatro años, para luego regresar y batear 32 jonrones, sumar 130 carreras y disparar su propia lluvia de meteoros en el Yankee Stadium es un símbolo del triunfo a pesar de todos los inconvenientes que se puedan presentar.

Es probable que el Presidente haya visto “Baseball Tonight” y entendido lo que a mediados de julio los fanáticos de los Mets y los medios de prensa no pudieron deducir: que Utley es una de las más grandes súper estrellas del beisbol, jugando en un equipo que derrotaría a los Mets dos años consecutivos, en lugar de sucumbir ante la idea de Nueva York según la cual la única razón por la que ganaron los Filis es porque los Mets perdieron.

Los Rays, quienes nunca antes habían ganado 71 partidos y llegaron a la Serie Mundial al derrotar a los entonces campeones mundiales —los Medias Rojas— en dos series cruciales de septiembre y una monumental Serie de Campeonato de la Liga Americana, nos dieron una de las mejores historias de la temporada.

Los Filis, con su determinación y la combinación de Cole Hamels y Brad Lidge, evidentemente se merecían lo que consiguieron.

Todos disfrutamos de los acontecimientos de los equipos que más ganaron de la liga, los Angelinos y los Cachorros, y del resurgir de los Cerveceros y los Mellizos, quienes después de intercambiar a Johan Santana ganaron un partido menos que los Mets.

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