- Planeaba matar a su propia madre y al abogado de su ex esposa
El hombre que mató a nueve miembros de una familia de origen mexicano la Nochebuena del miércoles pasado, en California, cuando estaba disfrazado de Papá Noel, preveía matar a su madre y al abogado de su ex esposa, indicaron las autoridades el martes.
Bruce Pardo, el hombre de 45 años que hasta la semana pasada era considerado una de las personas más amables entre sus vecinos, antes de saltar a los noticieros como el “Papá Noel asesino”, preveía matar a su madre en la misma fiesta donde provocó la masacre, pero ella faltó a última hora por una gripe, dijo a los medios el teniente de la Policía de Covina, Pat Buchanan.
Además de su madre, Pardo —de origen estadounidense— también quería matar al abogado de su ex esposa, con quien había terminado un amargo proceso de divorcio menos de una semana antes de Navidad.
Poco antes de la medianoche del 24, Pardo tocó a la puerta de la casa de la familia Ortega, en un barrio de clase media, donde realizaban una fiesta con 25 invitados, y apenas le abrió una niña de 8 años, empezó a disparar para luego activar un explosivo casero que incendió la residencia y dejó nueve muertos y dieciséis niños huérfanos —13 de ellos de padre y madre—.
Entre los muertos figuran los dueños de la casa y ex suegros de Pardo, Joseph Ortega, de 80 años, nacido en Estados Unidos en el seno de una familia de Torreón, México, y quien hace más de 50 años se había casado con Alicia, de 70 años, nacida en Torreón.
El ingeniero aeroespacial también mató a tres hijos del matrimonio Ortega: Sylvia, su ex esposa de 43 años, así como los hermanos de ella, James (52), Charles (50) y Alicia (46), y además a las esposas de James y Charles y a un hijo de 17 años de Alicia.
Pardo se suicidó a 40 km de la escena del crimen, porque resultó herido con quemaduras graves, dado que su disfraz se incendió y se le pegó al cuerpo. De lo contrario, preveía escapar a Canadá con 17,000 dólares en efectivo, informó la Policía.
Según el diario Los Ángeles Times esta familia mexicano-americana, que hizo dinero en un próspero negocio de piezas industriales en California, mantenía lazos estrechos con la familia de Torreón, donde vivían los hermanos y sobrinos de Alicia, la abuela asesinada el miércoles.
Como acostumbraban para cada Navidad, las dos familias de Torreón y Covina se llamaron por radio a las 11:00 de la noche del 24 para saludarse durante la celebración de la cena de Nochebuena, que media hora después terminó en una masacre.
“Lo hicimos como cada año. Este año era mi turno ser la anfitriona de la fiesta (en Torreón). Ellos estaban felices y nosotros estábamos felices”, contó al diario Lilia Llamas Sotomayor, sobrina y prima de la familia asesinada.
La mala noticia llegó la mañana del jueves de Navidad a México. “Fue horrible, aún no lo podemos creer”, dijo Llamas Sotomayor recordando un montón de encuentros familiares que organizaban a veces hasta dos veces al año para verse en Las Vegas o en el balneario mexicano de Cancún.
Hace tres años, casi todos los miembros de la familia mexicana viajó a Los Ángeles para festejar los 50 años de casados de Joseph y Alicia Ortega en su gran casa de Covina. “Fue una gran fiesta”, recordó su sobrina sobre esta pareja mayor, emblema hasta el miércoles del “Sueño Americano”.