Quienes lo vieron jugar aseguran que se adelantó a su tiempo. En una era en la que se podía sobrevivir con la habilidad de las manos, Francisco “El Americano” Fletes era respetado con el guante, pero temido como shortstop por su bate.
Y fue esa herramienta, la más apreciada en el beisbol hoy día, fue la que lo llevó a ser el paracorto titular de la Selección Nacional durante nueve Series Mundiales de pelota amateur, en un lapso de trece años, lo que resalta la consistencia de su juego y la durabilidad de su desempeño en el campo.
Chele como un gringo, “El Americano” Fletes fue bautizado así por el locutor cubano Manolo de la Reguera, debido a sus rasgos similares a Andrés Fleitas, receptor antillano, que era apodado del mismo modo. Y desde ayer, forma parte de nuestros recuerdos.
MUERE A LOS 88 AÑOS
Después de batallar durante meses con una dolorosa enfermedad que lo postró en cama, Fletes falleció la mañana de ayer por un paro cardíaco. Tenía 88 años. Sus restos están siendo veladas en la Funeraria La Católica, frente al RUCFA, en la zona del Gancho de Caminos, Managua y será sepultado hoy a las tres de la tarde.
Nacido en Managua el 5 de agosto de 1920, Fletes se levantaba a 5’8 pies del piso con 145 libras, medidas típicas para un infielder que juega en la parte media, donde destacan velocidad y defensa, pero se afirma que era un corredor promedio, con guante confiable y un bate caliente, lo que lo hacía lucir como un gigante.
“La historia, y sobre todo Guillermo Uriarte, lo calificaba como un short ofensivo”, dice Julio César Miranda Aguilar, uno de los historiadores más respetados del momento, en relación al infielder que remolcó diez anotaciones en el Mundial de 1950 aquí en nuestro país.
HÁBIL SIGUIENDO CURVAS
Manuel Genet, otro de los destacados historiadores pinoleros, afirma que Fletes era considerado el mejor bateador de curvas en su época y que en cierto momento enderezó una de Jorge “Campanita” Hernández y lo noqueó tras impactarlo en la frente.
Después de su paso por el equipo Johnny Walker en 1938 y el General Somoza un año después, Fletes fue a dar al Chinandega, donde fue contactado por Ramón Méndez para formar parte de la Selección que viajó a La Habana, Cuba, a la III Serie Mundial en 1941.
Debido a su mal desempeño ese año, Nicaragua no fue invitada a los torneos del 42 y 43, pero cuando la tropa nica regresó en 1944 al Mundial de Venezuela, Fletes estaba en el short y se fue de 21-7 para .333.
EN EL SALÓN DE LA FAMA
A nivel local hizo historia con el Cinco Estrellas, tras un breve paso como refuerzo por el Bóer, pero su mayor dimensión la alcanzó en la Selección. Fue parte del equipo que arañó el título en el Mundial de Colombia en 1947 y del que se desplomó aquí en 1948.
Por su extenso y brillante desempeño, fue exaltado al Salón de la Fama el 9 de mayo de 1997. Y ayer se nos adelantó en el viaje inevitable.