[/doap_box]
cal ripken tenía un estilo infatigable e hipercompetitivo
Tomado de ESPN The Magazine
Un grupo de Todo-Estrellas de las Grandes Ligas jugó un partido de softbol para celebridades hace algunos años. Luego del partido, los peloteros encontraron un gimnasio y pronto se embarcaron en un competitivo duelo basquetbolístico, el que Cal Ripken dominó, especialmente debajo del aro.
Luego del tercer juego, el jardinero Dave Parker, quien medía 1.94 mts y 110 kg, miró a Ripken y le dijo, “Diablos, nunca me ha intimidado tanto un campo corto”.
Ripken no era un campo corto ordinario, y por eso ingresó al Salón de la Fama en su primer año de elegibilidad. Sus credenciales eran deslumbrantes: Novato del Año en 1982, Jugador Más Valioso en 1983 (también campeón mundial ese año) y 1991, dos Guantes de Oro (cometió tres errores en 161 partidos en 1990, pero no ganó el Guante de Oro), 3,184 imparables, 431 cuadrangulares y un récord de 2,632 partidos consecutivos.
CAMBIÓ EL SHORT STOP
Con 1.91 mts y 102 kg fue el responsable de cambiar la posición de campo corto, transformándola de un puesto para hombres pequeños que no bateaban hacia una posición ofensiva para jugadores de poder. Pregúntenle a Alex Rodríguez, Derek Jeter, Nomar Garciaparra, Chipper Jones y Troy Glaus —todos seleccionados en el draft como grandes campo cortos ofensivos— acerca del jugador que admiraban en su niñez, y todos dirán “Cal Ripken”.
La grandeza de Ripken proviene de varios lugares. Aguantaba el dolor como ningún otro jugador en el beisbol. Le encantaba competir como a ninguno. Era extremadamente fuerte, especialmente sus manos. Era analítico, disecando cada detalle hasta encontrar la mejor forma de atacar cada asunto. Vivía con miedo de no estar bien preparado y ser avergonzado, por eso se aseguraba de tener toda la información antes de embarcarse en algo. Tenía que ganar en todo lo que jugaba, sea beisbol, besquetbol o algún juego que inventaba, algo que solía hacer a menudo.
“Le vendaba los tobillos y me preguntaba, ‘¿por qué lo haces así? ¿Por qué no lo haces así?’”, dijo el médico de los Orioles, Richie Bancells. “Finalmente le dije: ‘Mira, no lo sé. Esto es lo que nos enseñaron en la escuela de Medicina’. Entonces se lo enseñé. Ahora puede vendarse los tobillos mejor que yo”.
Hubo jugador más talentosos que Ripken; el ex mánager de los Angelinos, Gene Mauch, dijo una vez que Ripken tenía “el peor swing que haya visto”. Pero él constantemente analizaba su forma de abanicar, continuamente la cambiaba, y todo con la intención de mejorar, y ganar.
NUNCA QUERÍA PERDER
“No quiere perder nunca, incluso en estos partidos tontos”, dijo alguna vez su ex compañero Brady Anderson. “Inventa juegos, como el sockbol (beisbol jugado con una media enrollada) en los partidos que se retrasan por lluvia. Transpira la vida, y luego sale y conecta dos imparables. Jugamos indoor hockey. Es el mejor. En el estadio de Anaheim, hay un pedazo de césped separado por una parte de tierra. Luego de precalentar, él y yo siempre íbamos a hacer salto en largo por encima de la tierra. Son al menos 4.5 metros. Y lo saltaba. Una vez le dije, ‘¿Cómo lograste realizar ese salto más fácilmente que yo?’ Me contestó, ‘Siempre asumí que podía saltar más que tu’”.
Ripken una vez dijo que su meta era ganar la competencia de “Súper Estrellas”, que incluía a atletas de todas las disciplinas más conocidas. Ripken nunca pudo competir allí porque el programa dejó de emitirse, pero durante la temporada baja entrenaba para ganarlo.
“En los entrenamientos de primavera (con los Orioles), teníamos la corrida de 12 minutos”, contó Anderson. “No tienes que intentarlo. Pero él lo hacía. Viene hacia mí antes de la carrera y planea cómo vamos a intentar correrla. Yo gané y él se enloqueció. Me dijo que fui demasiado rápido. Lo arruiné. Lo quebré”.
Ripken y Anderson fueron parte de un equipo de Todo-Estrellas de Grandes Ligas que participó de una serie de partidos en Japón durante un invierno. Y fueron expuestos a un juego japonés que se jugaba dentro de una jaula e involucraba una pelota y una especie de aro, una especie de cruza entre el basquetbol, el polo y el rollerbol. Ripken formó su propio equipo que incluía a Anderson, Mike Piazza y al único jugador que conocía el juego, el lanzador japonés, Hideo Nomo.
“Cal compuso una estrategia para ganar el partido, planeó todo”, dijo Anderson. “Y vencimos a los japoneses en su propio juego”.
El ex lanzador de los Orioles, Mike Flanagan, estuvo ahí ese día. Ha visto a Ripken hacer cosas increíbles, dentro y fuera del campo, todas en nombre de la competitividad y la necesidad de destacarse en todo lo que hacía.
“Yo era así hasta que empecé a jugar beisbol profesional”, dijo Flanagan. “Pero el beisbol profesional es tan demandante, que perdí algo de mi pasión por el resto de los deportes. No me importaba ya si ganaba al ping-pong. Pero a él sí le importaba. El basquetbol es un ejemplo perfecto”.
NO TENÍA LÍMITES
Ripken ama el basquetbol. En las vísperas de la temporada 1995, el año en que rompió el récord de partidos consecutivos de Lou Gehrig, los Orioles estaban en Kansas City, donde vivía su ex compañero Rick Sutcliffe y fueron a comer algo a la casa. En el patio delantero, había un aro de basquetbol.
“¿Hicieron algunos tiros?”, le preguntaron a Ripken al día siguiente. “Jugamos dos contra dos”, respondió. ¿La hundiste? “Sólo un par de veces”. ¿Estabas usando zapatos de basquetbol?, “Estaba en mocasines”.
En la noche previa al comienzo de la temporada en la que rompería uno de los récords más prestigiosos en la historia del béisbol, Ripken jugó dos contra dos con mocasines, porque había un aro y jugadores dispuestos a enfrentarlo. ¿Su equipo ganó? “Los aplastamos”, dijo.
Su naturaleza competitiva nunca disminuía. En la temporada baja en el gimnasio que tenía en su casa, Ripken diseñaba juegos y ejercicios que hacía su entrenamiento más divertido pero también lo ayudaban a mejorar y a convertirse en un jugador más completo. Puso una oscilante máquina de bolas de tenis que lanzaba rápidas líneas hacía la derecha, izquierda, arriba y abajo. Era una manera de mejorar su alcance.
Ripken recordaba todo en los partidos y en cada situación. Siempre sabía la cuenta, el bateador, el lanzador y el lanzamiento. Sabía, que con una bola que se hundía, ante cierto tipo de bateadores, debía posicionarse más cerca del hoyo. Un año, incluso llamó algunos lanzamientos para los pitchers de Baltimore jugando como campo corto. Y no llevaba todo anotado en un librito negro; sino que lo guardaba en su cabeza. Tenía un reporte mental de cada lanzador que había enfrentado y de cada bateador.
FEROZ COMPETIDOR, INCLUSO ANTE SU ESPOSA
En 1995, en su gimnasio, Ripken se puso a jugar basquetbol contra su esposa, Kelly. “Mira —dijo— ella siempre amaga ir a la derecha, luego gira hacia la izquierda y tira”. Y eso fue precisamente lo que Kelly Ripken hizo. Ripken incluso tenía un reporte mental de su esposa.
Kelly Ripken compró una cama elástica para el gimnasio. “Veamos qué puedes hacer”, le dijo a su esposo. Ripken abruptamente declinó la idea, porque nunca había saltado en una cama elástica, y por su forma de ser, jamás se hubiese expuesto a algo sin la preparación adecuada por temor a hacer un papelón. “Primero enséñame algunas cosas”, le dijo Ripken a su esposa. Ella lo hizo. Dos semanas después, Kelly entró al gimnasio y su esposo estaba dando saltos increíbles y mortales hacia atrás en la cama elástica.
“¡Has estado practicando por las noches!”, le dijo ella.
“No, no lo he hecho”, contestó él.
HIJO DE TIGRE
Ripken además fue el jugador más resistente de todos los tiempos. Su fortaleza la heredó de su padre, Cal Sr., un catcher de ligas menores que solía recibir bolas en el relevo sin máscara y una vez fue dejado inconsciente por un lanzamiento que impactó de lleno en su cara.
“Cuando era un niño, venía a casa después de jugar futbol”, dijo Cal Jr. “Jugaba en el mediocampo con 50 años. Y siempre traía enormes ampollas de sangre debajo de su dedo gordo. Sacaba un taladro, lo apuntaba a su dedo, y mientras la sangre salía para todos lados decía: ‘Ooooooooh’”.
Una noche en Boston, Ripken Sr. recibió una línea en la cara durante una práctica de bateo. El médico de Baltimore, Richie Bancells, corrió al montículo pensando que Ripken había muerto.
“Cuando llegué ahí —dijo Bancells— Rip ya se había parado y me gritaba: ‘¿Qué diablos estás haciendo aquí? ¡No he terminado mi turno!’ La sangre corría por su cara. Pero terminó su ronda, fue al hospital, lo cosieron y retornó al campo para el tercer episodio”.
Como su padre, Ripken Jr. era infatigable. Su nivel de energía era increíblemente alto. Un año, en un día libre, los Orioles organizaron una fiesta en una piscina para las familias del equipo.
“Mis hijos iban sólo para jugar con Junior; era el juguete de la piscina”, dijo Bancells. “Todos los adultos estaban en un costado relajándose, mientras Junior estaba dentro de la piscina lanzando a los niños para todos lados”.
Y era igual dentro del parque. “A los muchachos había que arrastrarlos y él estaba en el fondo del autobús a toda máquina”, dijo Flanagan. “Nunca lo he visto dormido en un costado”. El ex primera base de los Orioles, Randy Milligan dijo: “Nunca lo escuché decir ‘No me siento bien hoy’. Y yo lo decía todos los días”.
En la jornada inaugural en 1985, Ripken se torció el tobillo con la almohadilla de segunda base al realizar una doble matanza. No salió del partido, pero luego del juego, su tobillo estaba severamente inflamado. El día siguiente fue libre, si hubiese tenido que jugar, dijo que no hubiera podido. Su tobillo era una mezcla de azul y rojo, del tipo que deja a una persona normal fuera de acción por un mes. Luego del partido fue al hospital. El doctor le dio muletas y le dijo que no pisara por dos semanas. Ripken tiró las muletas cuando dejó el hospital, se trató el tobillo y, menos de 24 horas después, participó de un nuevo cotejo en las Grandes Ligas.
¿Cómo lo hizo? “Me vendé realmente apretado”, dijo.
Los Orioles solían jugar un juego para ver qué jugador soportaba más dolor y cuál sufría el moretón más grande, un juego inventado por Ripken, quien, obviamente, era el campeón.