- Fueron jugadores dominantes en su época
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En esta papeleta para el Salón de la Fama se podría completar algunos asuntos pendientes.
En la boleta del 2008-2009 hay un solo nuevo que parece estar seguro para ser elegido, Rickey Henderson.
Pero más allá de eso, los nuevos candidatos son buenos, aunque no necesariamente dignos de Cooperstown.
Del otro lado, hay tres que llevan varios años que han ido subiendo en los votos recibidos: Jim Rice, Andre Dawson y Bert Blyleven. Esta puede ser su mejor oportunidad.
De hecho, para Rice puede ser su última, ya que está en su 15to año en la boleta. Sería ahora o nunca.
Si un candidato no recibe el 75% de los votos de la Asociación de Cronistas de Beisbol de Estados Unidos después de 15 años, pasa al Comité de Veteranos, y desde que dicho comité fue reestructurado para incluir a los miembros vivientes del Salón de la Fama, nadie ha sido elegido por ese grupo.
Rice subió del 63.5% en el 2006-2007 al 72.6% el año pasado. Es decir que llegó a estar a apenas 16 votos de llegar a Cooperstown.
Dawson también subió bastante hace un año, del 56.7% al 65.9%. Blyleven aumentó sus votos aún más, del 47.7% al 61.9%.
Estos tres terminaron segundo, tercero y cuarto en las votaciones del 2007-2008, detrás de Rich “El Ganso” Gossage, quien sí fue elegido.
En esta ocasión hay otros ex peloteros que se destacaron bastante en las Mayores, tales como Tommy John, quien también está en su 15to año en la boleta. Pero Rice, Dawson y Blyleven parecen tener las únicas posibilidades realistas de ser elegidos.
De mi parte, siempre he votado por Rice, Dawson y Blyleven, y volveré a hacerlo ahora. Esto es siempre —aún con todos los números y datos de cada lado de un debate— un tema subjetivo.
Esencialmente hay dos tipos de Salón de la Fama: los que llegan sin ninguna duda, en su primera oportunidad, lo mejor de los mejores, y luego se encuentran los que tienen suma calidad, pero cuya condición de inmortales se puede debatir. Estos últimos tres jugadores pertenecen a la segunda categoría.
Los argumentos a favor y en contra de Rice se vuelven cada vez más vehementes con el paso del tiempo.
Eso es bueno, porque demuestra la importancia que se le da al Salón de la Fama. Si se compara por los números, éste es el Salón de la Fama más difícil de integrar entre los principales deportes norteamericanos. Así debe ser.
Si uno o hasta los tres de estos candidatos llegan al Salón ahora, el estándar no será disminuido en nada.
Rice reúne una de las condiciones básicas: fue un jugador dominante en su época. Claro, dicha época no fue lo suficientemente larga para que Rice pusiera números que automáticamente lo colocarían en Cooperstown. Pero eso no lo disminuye como bateador que fue durante su apogeo, no lo hace el jugar sus partidos en casa en el Fenway Park.
Otro criterio para Cooperstown es si cuando lo ves jugar en sus mejores momentos, te preguntas “¿ahí va un Salón de la Fama?”. Para mí, la respuesta honesta es que sí.
Dawson es otro tipo de candidato, porque fue un talento completo. Los múltiples Guantes de Oro son muy buenos, pero sólo son una parte de lo que fue como jardinero.
Al igual que Rice, la carrera de Dawson probablemente pudo haber sido más larga en su apogeo. Pero no hay ninguna “subcategoría” del Salón para jugadores que tuvieron que perder tiempo por correr tanto en terreno artificial. Pero cuando estaba en plena salud, el talento de Dawson era innegable.
En el caso de Blyleven, si hubiera lanzado con mejores equipos, hubiera ganado más de 300 partidos, en vez de solamente 287, y no habría debate sobre sus méritos para el Salón.
Hay lanzadores comparables con números menos impresionantes y que ya están en Cooperstown. Y para quienes entienden la importancia de un ponche, el quinto en la lista de todos los tiempos sí merece el 75% del voto para el Salón, en vez de 61.9%.
Este voto anual le permite a los privilegiados revisar sus selecciones y tal vez corregir algunas cosas. El hecho de que siguen los debates es testimonio al alto estándar del Salón de la Fama, y la importancia de este proceso.