- La visita de Cal Ripken Jr. a nuestro país le dejó a Denis Martínez un sabor agridulce. Le encantó verlo entregado a su misión como enviado especial de Estados Unidos, pero le dio pena tener que cancelar parte de la agenda debido a los actos de violencia que se desataron en Managua
Denis Martínez, lanzador de Grandes Ligas
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Aun cuando Flaubert dijo que los recuerdos no pueblan nuestra soledad, sino que la profundizan, Denis Martínez tiene una opinión distinta.
“Los recuerdos son parte de tus riquezas, de tus logros. Yo al menos siento orgullo de las etapas que viví, de las metas que alcancé”, dice Denis, mientras pasa revista a sus memorias.
Martínez está instalado en su resort, en La Virgen, Rivas. Tiene la cabellera más plateada y su físico está siempre esbelto, como si aún estuviera dentro de una rotación de pitcheo.
Está de vacaciones tras participar en las clínicas con Cal Ripken Jr., pero también se aleja para reflexionar sobre lo que hará en el futuro, la situación del país y otros tópicos privados.
Durante cuatro días de intenso ajetreo, Denis acompañó a Ripken Jr. en su misión como enviado de la diplomacia estadounidense, y la gira le provocó emociones encontradas.
Martínez conoció a Ripken desde su incorporación a los Orioles en 1973. Cal era hijo del coach de tercera, del mismo nombre, quien antes había sido mentor en Ligas Menores.
“Cuando uno llega a Grandes Ligas llega perdido, sin idioma y con barreras culturales, pero el papá de Ripken me acogió como a un hijo y se estableció la relación”, señala el nica.
A partir de 1981, Denis, ya convertido en un abridor con Baltimore, y Ripken, un novato, comenzaron a ser compañeros de equipo y cultivaron una amistad que aún perdura.
LA GIRA A NICARAGUA
Se fue encantado. Tanto que me aseguró que desea volver. En todo momento se sintió bien recibido y tratado con mucho cariño. Para ser honesto, pensé que por las condiciones en las que él ha vivido, venir a un país pobre como el de nosotros, a lo mejor le podía crear algunas dificultades, pero lo vi firme en su misión y eso es algo que aprecio.
Me gustó cuando fuimos a Granada y nos llevaron a un barrio que se llama La Esperanza. Yo que soy de Granada, no lo conocía. Y comenzamos a movernos hacia ahí, pero hay un tramo en el que no entran los vehículos, y yo dije, ay Dios mío, y aquí ¿para dónde vamos? Pero Ripken se bajó sin titubeos y dijo, “caminemos, no hay problema”. Y llegamos a un lugar de una gran pobreza. Me impactó lo que vi ahí.
En ningún momento. Yo soy muy observador y me fijo en las miradas y gestos de las personas, pero nunca aprecié algo que me dijera que Cal estaba incómodo. Lo vi tranquilo siempre. Yo le había hablado del país y de cómo somos aquí, así que no encontró una realidad distinta a la que se le había anticipado.
Esa fue la parte más triste. Se tuvo que suspender el viaje a León por razones de seguridad. Pero en un momento, nos quedamos juntos y vimos por televisión todo lo que estaba pasando. Yo la verdad, estaba avergonzado. Pensé que era una etapa superada, pero me dio tristeza ver que la mayor parte de los que realizaban actos de violencia eran jóvenes, lanzados por adultos.
¿Te hizo algún comentario?
No, pero se le miraba el semblante de preocupación de cómo nos estábamos haciendo daño entre nosotros mismos, y cómo los jóvenes, en lugar de estar jugando o estudiando, andan como tomados o drogados, destruyendo lo que encontraban a su paso. Yo sentí mucha pena por eso y creo que es algo que no se debería repetir. Parece que estuviéramos en la época de las cavernas.
Denis, uno se pregunta, ¿cómo son los jugadores estrellas ya en un ambiente de mucha confianza?
A veces hay muchos prejuicios sobre los jugadores o las personas que se destacan en cualquier área de la vida. Que son pedantes, creídos, que no le hablan a nadie y muchas cosas más, pero no siempre es así. Dentro de un equipo, entre nosotros no había diferencia. Te estoy hablando de los Orioles, que es en mi opinión, la mejor organización del beisbol. Y para fuera, los atletas siempre necesitan que se les respete mientras están trabajando.
Por ejemplo, hay ocasiones en las que uno está entrenando, o está recibiendo alguna indicación y de pronto viene un aficionado o un amigo, te llama y quiere que dejés lo que estás haciendo para ir a saludarlo. Eso no es así. Cuando yo jugaba, hasta mis hijos tenían que esperar. A nadie le gusta que lo molesten cuando está trabajando y nosotros somos muy dados a eso.
Cuando llegué a los Orioles yo sentí el cariño con que me trataron varios jugadores, pero sobre todo tres: Brook Robinson, Mark Belanger y Jim Palmer. Con Palmer incluso, cultivamos una amistad y nos vivimos llamando bastante. Es más, Palmer fue la primera persona de la que yo comencé a “copiarme”, es decir, me gustó cómo se preparaba, cómo actuaba en el juego y hasta cómo se vestía. Era el líder del staff y quería ser como él.
Eddy Murray, Scott McGregor y Mike Flanagan. Lo que pasa es que los cuatro nos formamos juntos desde que estábamos en Ligas Menores y la amistad también la hemos mantenido. Pero Palmer era para mí como un modelo a seguir.
Claro que sí. Todos los que te he mencionado pueden venir. Yo les digo a ellos “mi gente”. Ellos están dispuestos a venir. Y me gustaría traer unos cuatro o cinco de un solo para provocar un buen impacto, pero necesitamos la contraparte aquí para hacer este esfuerzo. Acordate como dice el dicho que la cosa es: “Ayúdate que te ayudaré”.
Así es. Conforme pasan los años uno va adquiriendo más experiencia y como vas siendo productivo, te vas ganando el respeto de todos en el equipo. Yo llegué a ser número uno en Montreal y en Cleveland y percibía cómo los más jóvenes estaban siempre pendientes de uno. Entonces uno tiene que darles un buen ejemplo a ellos.
Sí, hay y hubo muchos jugadores que dijeron y han dicho que algo aprendieron de mí. Hay muchos casos. Pero uno de los que más me llamó la atención a mí, fue cuando Ken Griffey Jr. dijo que un “grandpa” (abuelo) les había ganado en la Serie de Campeonato de 1995. Dijo que aunque era un veterano, me daba mucho crédito porque no había podido descifrarme. En fin, hay muchos recuerdos que tengo de mi carrera que me llenan y que me hacen sentir que valió la pena todo el esfuerzo que hice.
“¿Político?, a lo mejor, estoy pensando”
En una ocasión, Ernesto Jerez, ese formidable narrador de ESPN, me dijo: “Salúdame al Presidente”. ¿A Bolaños? consulté, que era el de turno… “No hombre, a Denis Martínez”, me aclaró el dominicano.
En realidad, a Denis le han dicho el “Presidente” desde su arribo a las Mayores. Al ser el único nica en el big show y por el impacto que causó aquí, sus compañeros de equipo decían que podía tener éxito si se lanzaba como candidato.
Pero estar distante de la política ha sido una de las mejores estrategias de Martínez a lo largo de su vida. Eso le ha permitido ser apreciado por todos los nicas, sin distingos de colores políticos.
Eso podría cambiar ahora.
“No sé si es debido a lo que he visto en estos últimos días, pero la verdad es que siento que algo me está llevando a considerar algunas opciones ante las cuales no daba chance en el pasado.
Sí. La verdad, lo estoy pensando, pero tengo la mente abierta. Pienso que no podemos seguir como estamos, haciéndonos daño unos con otros. Tenemos que cambiar. Pero antes, me gustaría cumplir con algunas metas que tengo en mente, y luego, trasladarme a Nicaragua, para que de acuerdo con las leyes del país pueda tener todos los derechos que establece la Constitución.
Mirá, primero tengo que sentir ese llamado de Dios. Yo todo en la vida, como hombre de fe, lo he hecho a partir de la seña que el Señor me ha hecho. Pasó con el beisbol y también con mi negocio de Lamar Lakes Resort, que tengo aquí en La Virgen, Rivas. Así que una vez que sienta eso, voy de viaje, si no, no.
Bueno, sobre eso creo que habría que pensar en una estructura nueva. Hay que pensar en un liderazgo nuevo, apoyándose en la juventud. Me parece que en torno a las universidades se va unificando un proyecto interesante que podría tener éxito en el futuro. Yo estoy siguiendo a diario la situación del país. Me estoy preparando para cualquier situación que se de.
No. Esa es mi meta inmediata. Pienso que en uno o dos años como máximo se podría estar dando esa posibilidad. Lo de la política sería después. Siempre hay que darle tiempo al tiempo. De lo que sí estoy seguro es que este país se merece un futuro mejor. Los jóvenes merecen un futuro mejor. Hay que hacerlo por los niños. No podemos seguir así.