El Estadio Nacional ha sido escenario de aquellos momentos que han provocado las mayores emociones en la población nicaragüense, en los últimos 60 años. Guardando las distancias, es nuestro Coliseo Romano. (LA PRENSA/ T. Stargardter)

Una pasión de multitudes

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[doap_box title=»El coloso agoniza» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

La vida útil del Estadio Nacional Denis Martínez cruzó la línea de la amenaza mortal y continuar usándolo es ignorar las dimensiones —sin precedentes— del desastre que se podría originar.

Actualmente se realiza un estudio a su estructura y al terrero. Se pretende valorar si se puede o debe seguir usando para cualquier evento.

De acuerdo con especialistas consultados en varias ocasiones, es aconsejable renunciar a él.

La preocupación de los expertos tiene varias razones: primero, la instalación se construyó sobre una falla sísmica, posteriormente bautizada como Falla Estadio, y que activó el terremoto de 1931.

El segundo punto que preocupa está relacionado con la antigüedad de la estructura y las sacudidas que ha resistido. Pese a los reforzamientos que ha tenido, los expertos coinciden en que no existe justificación para continuar usándolo.

La corrosión en los niveles inferiores de las torres de iluminación puede causar un colapso. La posibilidad se incrementa por la fuerza de un sismo o por la fuerza del viento. La corrosión ha provocado disminución en el espesor de sus láminas de acero.

Y a eso habría que añadir su sistema de acceso. No tiene las salidas necesarias para una evacuación. El estadio es una trampa mortal.

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El Estadio Nacional y sus 60 años


Ese día Nicaragua estuvo ahí. Niños, jóvenes, adultos y ancianos. Nadie quedó en casa. Todos querían ser testigos de la mayor obra arquitectónica jamás construida en el país. Era una locura generalizada.

Desde las 5 de la mañana de ese 20 de noviembre de 1948 miles hacían filas, para ser los primeros en contemplar la obra desde adentro, y hacerse de los mejores puestos en las gradas de concreto, apenas cubiertas en el centro por una tablilla, para amortiguar las posaderas.

Un día antes, el viernes 19, se comunicó que 20 mil entradas ya estaban vendidas. Y se esperaban diez mil solicitudes más para el día de la inauguración.

El sábado 20 a las 10 de la mañana unas 15 mil personas ya ocupaban un sitio en el coloso. En las siguientes dos horas, entraron otras 15 mil, para completar las 30 mil que los historiadores aseguran que hubo.

El servicio de transporte cambió su rutina. El ferrocarril trabajó en horas no acostumbradas, para trasladar al tumulto de gente que se dirigía a Managua. Los departamentos quedaron casi deshabitados desde tempranas horas.

Los hoteles capitalinos, casi llenos por las delegaciones internacionales que participarían en la décima Serie Mundial de Beisbol, tuvieron que abrir más espacios para las personas que llegaban de los departamentos.

Y cuando los hoteles no dieron abasto, las casas de huéspedes abrieron sus puertas, y llenaron sus cajeros de mucha plata.

“El día de su inauguración, Managua parecía un hormiguero humano girando hacia el monumental estadio. Parecía una ciudad arrancada de sus hogares, confundida socialmente e impulsada hacia aquel punto, rompiendo una tradición social y demostrando al mundo que nuestra nación ha tenido testimonios de su gloria”, dijo en aquel entonces el legendario narrador Sucre Frech.

Las entradas se agotaron, pero miles quedaron sin ellas. Se confirmaron las sospechas de que no se podría reunir a tanta gente, pero se falló en el cálculo inicial. Se pensó que “sólo” 20 mil personas podían entrar.

Quienes quedaron afuera, en su mayoría, regresaron a sus casas, pero otro grupo aprovechó para contemplar el exterior del edificio, cuyo costo ascendió a cuatro millones de córdobas.

La obra, elaborada por la firma Cardenal-Lacayo Fiallos, era la primera en su estilo en Nicaragua, con ínfulas monumentales (82 mil 500 metros cuadrados de construcción).

Se situaba al norte con la prolongación de la Cuarta Avenida, al sur con la Calle Colón, al este con la Avenida 11 y al oeste con la Avenida 13.

Inicialmente, en junio de 1941 (cuando nació el proyecto) se valoraron otras zonas. Se pensó en Chico Pelón, al norte de la capital, pero con apenas 55 mil metros cuadrados para construir. Era muy pequeño.

Luego se propuso añadir más elementos al proyecto. La nueva idea era construir una Ciudad Deportiva, que tendría como sede el oriente de Managua. Pero se abortó por sus altos costos.

Se pusieron ojos en el terreno donde años más tarde se construiría el Hospital Central. Pero, también se abandonó la idea porque el sitio ya estaba destinado para El Retiro.

Fue entonces que surgió el plan de ocupar los terrenos de La Penitenciaria. Era grande, lo suficiente para construir el estadio, la piscina olímpica, la pista de atletismo y el estacionamiento, cumpliendo así la totalidad del proyecto inicial.

El único inconveniente eran los nueve metros desnivel del terreno. El movimiento de tierra sería más costoso. Y así lo fue, porque el presupuesto era de un millón 600 mil córdobas, pero incrementó más de ciento por ciento.

La inversión valió la pena. Todo el país lo agradeció ese 20 de noviembre de 1948, cuando a las 12 del mediodía con 25 minutos se escucharon las palabras de bendición de monseñor Alejandro González y Robleto, las primeras que se oyeron en el Estadio Nacional Denis Martínez, que ha cumplido 60 años.

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