Gracias Ripken

[email protected] Hoy se va el legendario ex jugador de Grandes Ligas, Cal Ripken, pero sus lecciones van a quedar entre nosotros. El otrora brillante atleta, que durante 21 años se dedicó a esparcir su talento en los campos de las Mayores, con un estilo de juego en el que resaltaban su fortaleza, el carácter y […]

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Hoy se va el legendario ex jugador de Grandes Ligas, Cal Ripken, pero sus lecciones van a quedar entre nosotros.

El otrora brillante atleta, que durante 21 años se dedicó a esparcir su talento en los campos de las Mayores, con un estilo de juego en el que resaltaban su fortaleza, el carácter y consistencia, le puso el mismo vigor a cada instante de su visita al país.

Apreciamos su paciencia y la dedicación al tratar a los niños. Lo vimos compartir sus conocimientos, pero sin llegar a imponer nada, a los entrenadores y fue directo en su mensaje a los jóvenes: no busquen atajos para llegar al éxito. Así podrán verse al espejo y sentir orgullo de lo que han conseguido.

Pero Ripken estuvo aquí también para demostrarnos que no existe divorcio entre grandeza y humildad, que el dinero no te cambia, si no que muestra lo que en realidad sos. Y que se tienen que asumir los retos, como él tomó los suyos cuando le correspondió hacerlo.

Dios proveyó a Ripken de habilidades para el juego. Y con su dedicación, él se encargó de sacarle el mejor provecho posible. Pero el aporte a su país, al beisbol en general, ha sido más que atrapar y batear una bola. Ha sido un ejemplo.

Compitió limpiamente en la era de los esteroides, jamás se sintió más importante que su equipo e hizo historia sin que ésa fuera su pretensión. Sólo hizo lo que era correcto. Y se ganó el corazón de su país, igual que el respeto del mundo.

El hombre más durable que ha tenido el beisbol, el de la racha de 2,632 juegos, el bateador de 3,184 hits, 431 jonrones y 1,695 remolques; el ganador de dos títulos de Jugador Más Valioso y una Serie Mundial, estuvo aquí, entre nosotros.

Pero no nos deslumbró con su pasado, sino con su presente. Con su sencillez en medio de su grandeza.

Cuando en su época, el beisbol se estaba convirtiendo en una gran mentira (por los esteroides), ahí estaba Ripken para hacernos saber que aún se podía confiar, e incluso amar a este deporte.

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