Hombre, a mí sí me gusta mucho la música de Abba. El disco Gold que recoge sus mejores éxitos fue uno de los primeros que compré con el furor del revival a mediados de los noventa. Sus canciones están ahora en mi Ipod. También me gustan mucho los musicales, incluso aquellos tan vacíos como Vaselina. Y el bono de oro en esta cinta era ver cantar a la mejor actriz de Hollywood de la actualidad, Meryl Streep. Ella puede hacerlo todo, aunque la cinta no funcione para nada, como lo demostró en El Diablo viste a la moda. Pero esta vez ni santa Streep ni los celestiales Abba pudieron evitar que me llevara la mayor decepción cinematográfica del año.
Mama mía es la versión cinematográfica de un exitoso musical estrenado en 1999. Su nombre es tomado de uno de los clásicos de Abba. Cuenta la historia de Sophie (Amanda Seyfried) una soñadora e insulsa veinteañera que días antes de su boda se le ocurre la “romántica” idea de invitar a sus tres potenciales padres. Esta idea la sacó luego de encontrar el diario de su madre (Streep) en donde leyó, en un lenguaje digno del cuento de la cigüeña que trae los niños, cuales fueron las aventuras sexuales de su progenitora.
Si lo cursi es humor, entonces Mama mía es la película más cómica de la historia. Empalaga tanto como una docena de cajetas de leche. Las letras cargadas de vida, optimismo y humor de las canciones del grupo sueco fueron insertadas para enlazar una historia de amor, sexo y añoro que parecieran ser concebidas por los guionistas de Televisa o Venevisión.
La crítica especializada ha cuestionado duramente la estructura del filme. No voy a ser tan drástico. Está filmada bajo unos criterios técnicos tan faltos de ambición que honestamente puede encontrar más esfuerzo en cualquier spot propagandístico transmitido en el canal oficial del Gobierno. Pero eso es tolerable. Si tan sólo la historia hubiese sido más interesante.
El otro problema son los actores. El fuerte de Streep ha sido el drama, pero también ha encarado con altura sus roles cómicos. Su exquisito rol en El Diablo viste a la moda incluso le granjeó su última nominación a un premio Oscar. Pero en esta cinta se mira tan forzada, tan incómoda. Por lo menos sale mejor parada que su coprotagonista, el ex 007 Pierce Brosnan. Brosnan ha hecho de todo con tal de quitarse de encima el peor estigma del cine, que es el de James Bond. En la mayor parte de los casos ha salido con buen paso. Pero definitivamente cantar le resultó mucho más difícil que acabar con agentes enemigos o seducir bellas espías. Ojalá nunca le den de nuevo una licencia para machucar canciones. Más si son de Abba.