- En Nicaragua las construcciones turísticas serían afectadas por el retiro de compradores extranjeros
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La crisis financiera internacional no es una amenaza tan lejana para Nicaragua y sus efectos podrían ser mayores de lo que se ha estimado, ya que hasta el momento se está apuntando a una baja en las remesas y en los flujos de exportación.
Sin embargo, hay otros factores que se verán afectados, como el sector inmobiliario, ya que los potenciales compradores norteamericanos de casas de playa o para vacacionar, están más interesados en garantizar el pago de sus propias casas en Estados Unidos que en comprar nuevas propiedades, sostiene Emiliano Maranhâo, gerente general del puesto de bolsa Invercasa.
Según su análisis, eso afectará de forma directa a los principales proyectos inmobiliarios turísticos del país y de la región centroamericana. “Es de preverse que se vean afectadas las inversiones turísticas de Costa Rica y Panamá”, afirmó.
Al pánico provocado por la caída de las bolsas en el mundo, le ha seguido una sombra que ha presionado más los mercados internacionales: la recesión, la cual ha provocado la caída en el consumo de los estadounidenses, principales compradores de los productos de exportación de Nicaragua.
Ésta es una situación difícil de superar en el corto plazo, dada la magnitud de la crisis, sostiene Maranhâo. “La recesión es cuando no hay consumo”, sintetizó, advirtiendo que de esta forma las empresas no contratan más personal y más bien hacen fuertes recortes, lo cual incide en que millones de latinoamericanos no tengan acceso al trabajo y por tanto no tienen dinero qué mandar a sus países.
ESPECULACIÓN DE ALTO NIVEL
La actual crisis financiera tiene sus orígenes en la caída de las denominadas punto com, una serie de empresas de tecnología en internet (Amazon.com, por ejemplo). Posteriormente se registraron los ataques del 11 de septiembre del 2001, de forma que la Reserva Federal de Estados Unidos bajó las tasas de interés, abaratando el precio del dinero. “Esta medida fue para estimular la producción a través del crédito”, explicó Maranhâo.
El estímulo fue más allá y provocó que todos “invirtieran” en el sector inmobiliario, iniciando lo que en economía se denomina “burbuja”, es decir un crecimiento artificial de las inversiones. Cuando el Gobierno quiso tomar medidas para evitarlo, ya era muy tarde.
La gente “invertía en bienes raíces, generando una mayor especulación”, agregó, contratando lo que se conoce como crédito “subprime”.
A partir del 2004 el Gobierno estadounidense empezó a subir las tasas de interés para controlar los efectos colaterales de este crecimiento, como la inflación que pasó de 1 a 5.25 por ciento ese año.
En el 2005 el precio de las viviendas y las tasas de ventas cayeron de manera abrupta, sostiene el gerente de Invercasa, y las ejecuciones hipotecarias no se hicieron esperar por la falta de pago de los deudores. “Fue un crecimiento de ejecuciones espectacular”.
Esto provocó que muchas instituciones financieras norteamericanas empezaran a tener problemas, ya que se estaban llenando de casas y edificios, que eran devueltos por miles de clientes. No había dinero para financiar estas deudas que en muchos casos ya habían sido refinanciadas.
En este contexto, según afirma Alejandro Aráuz, consultor económico, se cuestionó el papel de las empresas calificadoras de riesgos que no hicieron nada por detener la ola especulativa.
La crisis ha provocado una fuerte ola negativa, como la paralización de la construcción, una industria líder de cualquier economía, en varios países europeos y en Estados Unidos.
En América Latina, el riesgo de una recesión también es latente, afirma Aráuz en el último boletín A. Aráuz Consulting & Associated, que enfrenta un nivel de crecimiento económico menor al esperado.
No obstante, es posible una caída en los niveles de reservas, mayor inflación y la caída de la confianza. Pese a la fuerte inyección de recursos de los gobiernos del mundo, la desconfianza persiste y los mercados no se recuperan, afirma Maranhâo.