Ya la champaña lavó los años de frustración de los Rays de Tampa, pero es evidente que no están listo para bajar los brazos y conformarse con lo que han conseguido.
Aspiran a más, buscan más y trabajan para eso.
Tampa probó que es algo más que un equipo inspirado y dispuesto a dejar de ser el hazmerreír de las Mayores. Es, sin muchos rodeos, un buen equipo, con talento y agallas, que lejos de arrugarse ante las dificultades, crece cuando su carácter es sometido a prueba.
Los Rays han dado una lección sobre cómo escoger y desarrollar jugadores. Al ser últimos, han escogido de primeros siete veces en el dratf, pero lo han hecho bien. El siguiente paso ha sido esperar por su madurez y luego agregar algunas piezas que los complementen con la experiencia y serenidad que sólo el tiempo puede proporcionar.
Después se han agrupado tras un mismo objetivo. Desde ejecutivos, hasta peloteros y técnicos. Cambiaron el nombre, el uniforme, el logotipo y sobre todo la mentalidad. Ese crédito se le debe a Joe Maddon.
Desarrollar jugadores no sólo es proporcionarles las condiciones para que su talento sea explotado al máximo. También es descubrir el momento para el ascenso o la continuidad en el mismo nivel. A Evan Longoria le hicieron una seña cuando estaba listo. Y ahora vemos a Joe Price, el fenomenal zurdo que seguro los Filis verán mucho en el clásico.
Tampa es un equipo de balance. Su pitcheo es responsable al abrir y al cerrar. La defensa simplifica con la frecuencia de consagrados infielders y el bateo ha mostrado un poder que no se había calculado, además de su capacidad para hostigar.
En ese cierre ante Boston, los Rays probaron además que tienen personalidad y que aunque jóvenes, son inmunes al nerviosismo y a la presión. Es un equipo con hambre de gloria y los Filis tendrán que estar muy atentos. De lo contrario, la tropa de la bahía de Tampa se los puede engullir.